LA VOLUNTAD QUE ME AFIRMA
LA
VOLUNTAD QUE ME AFIRMA
La
voluntad decide entre verdades,
cuando
la mente duda y el instinto arde;
ordena
mis pasos, los reconoce,
y
elige lo que el alma nunca evade.
Sin
ella el caos pronto nos invade,
los
caminos se pierden en el bosque,
y
los sabios dicen que nada saben,
entendidos
que nada reconocen.
Pero
mi alma fue enseñada en la escuela:
allí
la voz fue siempre mi maestro,
y
la voluntad me dijo quién yo era.
Yo
acompasé la voz a lo que siento,
me
empujó intuición, me besó el instinto,
la
voluntad me impulsó con su aliento.
Después de
afirmar la voluntad —esa fuerza que elige cuando todas las demás discuten— el
poeta descubre que algo más profundo empieza a moverse dentro. La voz enseñó,
la intuición empujó, el instinto sostuvo, y la voluntad decidió… pero ninguna
de estas fuerzas explica todavía cómo se transforma todo eso en emoción
viva.
Porque después de elegir, llega siempre lo que
se siente. Después de ordenar el camino, aparece la
vibración interior que da sentido a cada paso. La voluntad
marca la dirección, sí, pero es el sentimiento quien la llena
de humanidad.
Por eso el siguiente soneto no nace de la razón ni del
impulso, sino de esa corriente íntima que brota cuando la elección ya está
hecha. El sentimiento aparece como la consecuencia natural de haber escuchado
la voz, seguido la intuición, confiado en el instinto y afirmado la voluntad.
Ahora el poeta no solo sabe quién es: empieza
a sentirlo.

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