LA VOLUNTAD QUE ME AFIRMA

 

LA VOLUNTAD QUE ME AFIRMA

 


La voluntad decide entre verdades,

cuando la mente duda y el instinto arde;

ordena mis pasos, los reconoce,

y elige lo que el alma nunca evade.

 

Sin ella el caos pronto nos invade,

los caminos se pierden en el bosque,

y los sabios dicen que nada saben,

entendidos que nada reconocen.

 

Pero mi alma fue enseñada en la escuela:

allí la voz fue siempre mi maestro,

y la voluntad me dijo quién yo era.

 

Yo acompasé la voz a lo que siento,

me empujó intuición, me besó el instinto,

la voluntad me impulsó con su aliento.

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

Después de afirmar la voluntad —esa fuerza que elige cuando todas las demás discuten— el poeta descubre que algo más profundo empieza a moverse dentro. La voz enseñó, la intuición empujó, el instinto sostuvo, y la voluntad decidió… pero ninguna de estas fuerzas explica todavía cómo se transforma todo eso en emoción viva.

Porque después de elegir, llega siempre lo que se siente. Después de ordenar el camino, aparece la vibración interior que da sentido a cada paso. La voluntad marca la dirección, sí, pero es el sentimiento quien la llena de humanidad.

Por eso el siguiente soneto no nace de la razón ni del impulso, sino de esa corriente íntima que brota cuando la elección ya está hecha. El sentimiento aparece como la consecuencia natural de haber escuchado la voz, seguido la intuición, confiado en el instinto y afirmado la voluntad.

Ahora el poeta no solo sabe quién es: empieza a sentirlo.

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