LA CUSTODIA QUE ME PRESERVA
LA CUSTODIA QUE ME PRESERVA La custodia me envuelve y me resguarda, preserva lo que el alma ya ha encontrado; defiende lo esencial cuando se embarga mi voz por el ruido del mundo alzado. Custodia los tesoros que he encontrado: la luz que no se apaga en mi camino, las raíces que afirman mi destino y el eco de la voz que me ha nombrado. Yo no lo hallé ni en mí ni en el mundo, solo fue en la historia de un carpintero, de todos, el maestro más profundo. Sentí también en mí su grito al cielo, su gran perdón y amor al mundo entero; fue el reino en paz el final de mis miedos. La custodia me preservó. Guardó la luz, las raíces, los nombres, el eco de la voz que me declaró. Y al final, me llevó al maestro: al carpintero que gritó al cielo, que perdonó, que amó, que abrió un reino en paz y deshizo mis miedos. Ahora, después de ese encuentro, el alma ya no solo guarda: comienza a vivir desde lo guardado .