El Trípode del Alma
En lo más hondo del alma dormida, se levantó un trono de luz divina, con tres pilares sostienen mi vida: justicia, misericordia, genuina. Allí no puede faltar la humildad, pues con ella se reconoce errores, se recorre el camino a la verdad, solo ella nos rectifica señores. La justicia, que es fuerte e incorruptible, vigila el mundo con mirada ardiente, siempre da a cada quien lo que es posible, nunca se desvia, nunca es indulgente. La misericordia, tierna y serena, abraza el débil, restaura al caído, solo su voz es calma en noche plena, bálsamo dulce en mi sendero herido. Entonces la humildad, callada y sabia, desciende suave, muy lejos del ruido, ella se viste de amor, sin ansia agria, pero sin ego altivo, sin sueño ido. Así la conciencia, faro brillante, nos hace verdaderos y benditos, el tripode eterno, inmortal y amante, un testigo fiel del tiempo infinito. Ella habla sin distorsio...