LA CONCIENCIA QUE ME REVELA

 

LA CONCIENCIA QUE ME REVELA



Espejo sin reflejo ni apariencia,

testigo que no exige ni condena;

presencia que revela mi existencia

y nombra lo que el alma siempre suena.

 

Ella observa, revela, une, comprende,

luz encendida que habita en mi pecho;

mide en silencio todo lo que emprende

mi alma, y la defiende según lo hecho.

 

Presencia de un testigo a mi favor,

secreto hondo de mi paz interior,

lección constante que me hace mejor.

 

Conciencia que, al estar viva, me habló:

el cielo y las estrellas en mi piel,

camino que me hizo oír la voz de Dios.

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

Después de escuchar la voz de Dios en la piel, el poeta comprende que la conciencia no es un final, sino un umbral. La conciencia reveló, iluminó, ordenó… pero ahora algo más profundo comienza a moverse: una fuerza que no observa, sino que transforma.

La conciencia mostró el camino, pero hay una energía que lo recorre. La conciencia nombró la verdad, pero hay un impulso que la encarna. La conciencia abrió los ojos del alma, pero hay un fuego que la pone en marcha.

Ese fuego es la emoción.

La emoción no es Sentimiento —que habita— ni voluntad —que afirma— ni intuición —que empuja—. La emoción es la corriente viva que nace cuando la conciencia toca el corazón. Es el temblor que anuncia un cambio, la vibración que mueve lo revelado hacia la vida.

Por eso el siguiente soneto no hablará de ver, ni de saber, ni de comprender… hablará de sentir en movimiento, de esa ola interior que transforma la claridad en acción, la verdad en vida, la revelación en destino.

Ahora el poeta no solo comprende quién es: empieza a transformarse.

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