EL SENTIMIENTO QUE ME HABITA

 

EL SENTIMIENTO QUE ME HABITA



El sentimiento es llama que me habita,

un pulso que da forma a lo que vivo;

nace después de toda voz escrita

y es eco fiel de todo lo que elijo.

 

Es una flecha clavada en mi pecho,

corazón tras las costillas izquierdas;

es la fuente que da inicio a mis versos,

la vida que me alienta y me da fuerzas.

 

Dos ángeles custodian lo que siento,

llaves de lo que debe ser un templo;

las guarda el cielo y son su pensamiento.

 

Y en ese templo interno me contemplo,

pues cada emoción revela mi destino:

yo soy y lo siento cuando al fin me encuentro.

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

Después de reconocer el sentimiento como llama interior —esa flecha clavada en el pecho, esa fuente que inicia los versos— el poeta comprende que no basta con sentir: hay algo más profundo que empieza a despertar.

La voz enseñó, la intuición empujó, el instinto sostuvo, la voluntad afirmó, y el sentimiento dio calor a todo lo vivido. Pero ahora surge una fuerza distinta, más silenciosa y más alta: la conciencia.

El sentimiento vibra, pero la conciencia observa. El sentimiento arde, pero la conciencia ilumina. El sentimiento habita, pero la conciencia revela.

Es ella quien mira desde dentro, quien une todas las fuerzas anteriores y les da sentido. Es la que entiende por qué la voz habla, por qué la intuición empuja, por qué el instinto protege, por qué la voluntad elige y por qué el sentimiento tiembla.

Por eso el siguiente soneto no nacerá del impulso ni de la emoción, sino de esa claridad interior que no juzga, no empuja, no ordena: solo revela.

Ahora el poeta no solo siente quién es: empieza a comprenderlo.

El sentimiento le ha mostrado quién es cuando se encuentra, pero aún queda una fuerza más alta, más silenciosa, más lúcida, que observa todo desde un lugar donde no hay ruido ni impulso: la conciencia.

La conciencia no empuja como la intuición, no protege como el instinto, no elige como la voluntad, ni vibra como el sentimiento. La conciencia revela.

Es la luz que cae sobre cada emoción y la vuelve comprensible. Es el espejo donde el alma se mira sin máscaras. Es la claridad que ordena lo vivido y lo convierte en verdad.

Después de habitar el sentimiento, el poeta siente que algo se abre dentro: una mirada interior que no juzga no exige, no hiere… solo ilumina.

Por eso el siguiente soneto no nacerá del fuego del pecho, sino de esa luz profunda que observa desde el centro del ser. Ahora el poeta no solo siente quién es: empieza a comprenderlo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

DONDE LAS RAZONES SE ABRAZAN

“La trampa del millón”

LA AURORA AGRADECIDA

LA ILUSIÓN COMO REMEDIO

EL SILENCIO QUE PROTEGE

EL SUSURRO DE LOS DIAS

AURORA EN LA MEMORIA

LA CALMA VIENE ANDANDO

RENACER CON LA BRISA

"Horizontes en la Calma"