LA INTUICIÓN QUE ME EMPUJA
LA INTUICIÓN QUE ME EMPUJA
La voz que en silencio es un manantial,
es corriente que de dentro me empuja;
fuerza que indica siempre lo real,
me guía como si fuera una brújula.
Ella no habla, no razona: se mueve;
solo ella pisa firme entre certezas.
Ella crea sueños y me conmueve,
don que brota de la naturaleza.
Ella corrige todos mis errores,
la intuición los trae a mí sin palabras;
me desata de mis propios temores.
Es una fuerza que no me es extraña,
luz que revela lo que estaba oculto,
y con ella mis sueños me acompañan.
SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO
Después de
escuchar la intuición —esa luz silenciosa que revela lo oculto— el poeta
descubre que aún existe una fuerza más antigua, más primaria, más honda que
cualquier revelación. La intuición le mostró lo que no veía, pero ahora
necesita algo distinto: una raíz que sostenga incluso cuando la
luz se apaga.
El instinto aparece entonces como la base de todo lo vivido.
No habla, no enseña, no corrige: actúa. Es la primera
sabiduría, la que estaba antes de la voz y antes de la intuición. Es la fuerza
que empuja cuando la mente duda, la que protege cuando la razón vacila, la que
guía incluso en la oscuridad total.
Si la intuición revela, el instinto sostiene. Si la intuición
ilumina, el instinto impulsa. Si la intuición es un mensaje, el instinto es un
latido.
Por eso este nuevo soneto no nace de la claridad, sino de lo
innato. No viene de lo aprendido, sino de lo que siempre estuvo ahí.
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