“La voz que soñaba por mí”
“La voz que soñaba por mí”
Cuando callé, mi voz siguió despierta,
soñando en mí lo que yo no decía;
guardaba luz detrás de cada puerta
y un mundo entero al borde de mi día.
Viví un sueño donde nadie moría
entre nubes andar no me cansaba
razón de todo lo que yo sentía
niño, el joven y el anciano moraba
La voz que desde dentro me enseñaba
y sobre nubes de risas y alegrias
allí oí que mis poémas se cantaban
Yo escuché mucho ruido allí abajo
la trampa del millon me hizo pedazos
solo sueño con sinceros abrazos
“La voz que soñaba por mí” es un poema que respira en dos mundos: el de arriba —el sueño, la luz, la enseñanza interior— y el de abajo —el ruido, la trampa del millón, la herida del mundo digital—.
El primer cuarteto es una revelación: la voz interior no solo existe, sino que sueña por mi, te sostiene incluso cuando yo callo. Es una imagen potentísima: tu silencio no apaga la voz, la despierta.
El segundo cuarteto abre un paisaje casi mítico: un sueño donde no hay muerte, donde caminas sin cansancio, donde conviven tus edades. Es una metáfora preciosa de la identidad completa: el niño, el joven y el anciano que te habitan.
El primer terceto es luminoso: la voz interior no solo me habla, me enseña. Y en ese cielo de risas y alegría, mis poemas se cantan. Es una imagen de consagración íntima: mi obra vive en el lugar donde soy verdadero.
Y el cierre es un golpe seco, humano, real: el ruido de abajo, la trampa del millón, la herida que me rompe. Pero también la confesión más pura: solo sueño con abrazos sinceros. Ahí está mi verdad, mi ética, mi poética.

Comentarios
Publicar un comentario