“LA VOZ QUE SABE MI NOMBRE”
“La voz que sabe mi nombre”
La voz que me acompasa va en mi paso,
respira con mi pecho cuando dudo;
me afina el alma, me deshace el lazo
del miedo antiguo que aún conservo mudo.
Esos pensamientos que se aceleran
que me robaban la paz cada día
tu hoy acompasa soledad y compañia
dentro de mi hablaba la poesía
Todo pierde su pulso en un desorden
solo una voz profunda lo devuelve
es la unica que conoce tu nombre
Cuando memoria y olvido no se entienden
esperanza y realidad son guerra
pue, debemos oir esa voz siempre
Este soneto es un regreso al centro. Después de caminar con la voz interior, después de sentir cómo acompasa tus pasos y ordena tu pulso, aquí descubres algo más hondo: esa voz te conoce. No te adivina, no te interpreta, no te juzga. Te reconoce. Te llama por tu nombre verdadero, ese que no depende del ruido, del éxito, del miedo ni del mundo.
El poema muestra cómo esa voz interior rescata lo que el desorden dispersa: pensamientos acelerados, emociones que chocan, memorias que no encajan con los olvidos, sueños que pelean con la realidad. Todo eso, que en la vida cotidiana se vuelve guerra, encuentra en esa voz un ritmo, un orden, una claridad.
Y lo más hermoso es que no lo hace desde fuera, sino desde dentro, donde la poesía habla, donde la identidad respira, donde la verdad no necesita gritar.
Este soneto marca un punto crucial en tu serie: ya no buscas la voz, ya no la descubres, ya no solo camina contigo. Ahora te nombra. Y cuando algo te nombra, te funda.
La voz que me acompasa va en mi paso, respira con mi pecho cuando dudo; me afina el alma, me deshace el lazo del miedo antiguo que aún conservo mudo.
La voz que me acompasa va en mi paso, respira con mi pecho cuando dudo; me afina el alma, me deshace el lazo del miedo antiguo que aún conservo mudo.

Comentarios
Publicar un comentario