LA VOZ QUE RESISTE
La voz que resiste no se doblega,
aunque el mundo la niegue o la distraiga;
se alza en mi pecho como llama ciega
que no se apaga aunque el viento la caiga.
Se que nadie la escucha como yo
y dijeron que era muy fantasiosa
mala y muy engañosa a mi propia voz
pero a mi me fue muy sincera y hermosa
Luego ella susurra humildemente
y vive entre sueños sanos y bellos
a pesar de que le acusa la gente
Y se agarra a mi garganta valiente
sale de mi pecho y resiste siempre
yo la oigo aqui dentro y mi alma la siente
Este soneto marca un punto de madurez en la serie: ya no se trata de escuchar la voz, ni de protegerla del ruido, sino de defenderla activamente frente a la negación, el juicio y la incomprensión.
El primer cuarteto es una declaración de principios: la voz interior no se doblega, no se apaga, no se rinde. Es llama ciega, pero viva. No necesita ver para arder: su fuerza está en su fidelidad.
El segundo cuarteto introduce el conflicto social: el mundo no la entiende, la llama fantasiosa, engañosa, incluso peligrosa. Pero el poeta sabe que es sincera y hermosa. Aquí aparece la diferencia entre la mirada externa y la experiencia íntima. Lo que para otros es delirio, para el alma es verdad.
El primer terceto muestra la humildad de la voz: no grita, no impone, no se defiende con violencia. Vive entre sueños sanos y bellos, y sigue hablando aunque la acusen. Es una voz que resiste desde la ternura, no desde la confrontación.
El cierre es poderoso: la voz se agarra a la garganta, se convierte en palabra, se alza desde el pecho. No es solo pensamiento: es verbo, es acción, es poesía. El poeta la escucha dentro, y su alma la siente. Es una alianza profunda, indestructible.

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