"La voz que me transforma"
"La voz que me transforma"
Me enseña a ver el mundo con ternura,
a escuchar lo que antes no entendía;
me cambia la mirada y la estructura
de todo lo que fui y lo que sería.
Mientras yo la ignoraba mi alma sufria
ruido continuamente me humillaba
realmente yo me desconocía
pero verso a verso ella me llamaba
Porque cada vez que mi voz gritaba
mi voz propia susurraba corrección
suave y apaciblemente me hablaba
Al descubrir la voz tome conciencia
ella fue maestra que me enseñaba
mi alma se transformaba con su ciencia
Este
soneto marca el paso del conflicto a la alquimia. La voz interior, que antes
resistía, ahora enseña, reordena, cura.
El poeta ya no se defiende del mundo: se transforma desde dentro.
El primer cuarteto
establece el tono: la voz no grita, no impone, no castiga. Habla desde los
rincones benditos, con ternura, y en su silencio el alma se serena. Es una voz
que no
necesita fuerza para generar cambio.
El segundo cuarteto
revela el antes y el después: cuando el poeta la ignoraba, sufría. El ruido lo
humillaba, lo alejaba de sí mismo. Pero verso a verso, la voz lo llamaba. Aquí
aparece la dimensión
poética de la transformación: no es instantánea, es un proceso,
una llamada constante.
El primer terceto muestra
el conflicto entre la voz superficial (que grita) y la voz profunda (que
corrige). La transformación no viene por imposición, sino por corrección
suave, por diálogo interno, por escucha
verdadera.
El cierre es revelador:
al descubrir la voz, el poeta toma conciencia. La voz se vuelve maestra, y el
alma se transforma con su ciencia. Es un acto de revelación espiritual,
donde la sabiduría no viene de fuera, sino de lo más íntimo.
Este poema afirma que la
verdadera transformación no es ruptura, sino retorno. No es
violencia, sino ternura. No es imposición, sino enseñanza. La voz interior,
cuando se escucha, reordena el ser.

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