LA VOZ ENTRE EL RUIDO
LA VOZ ENTRE EL RUIDO
La voz entre el ruido se hace mas leve,
susurra mientras late la ciudad;
los coches gritan, la mañana llueve,
y ella insiste en hablar con suavidad.
Cierro los ojos, vuelvo a mi universo
vuelvo a mi pulso a mi vida y a mi paz
hay humo de la fabrica y el aire expeso
Yo me quedaria siempre en el silencio
por fortuna mi alma ya está despierta
mas debo alzar mi voz frente al estruendo.
En
“La voz entre el ruido”, el poeta ya ha salido al mundo, y
la voz interior debe enfrentarse al estruendo de la ciudad, al grito de los
coches, a la lluvia, al humo, al aire espeso. El contraste es brutal: la voz
susurra mientras todo grita. Y sin embargo, no se apaga. El poeta cierra los
ojos, vuelve a su universo, y encuentra allí su paz. La voz sigue siendo clara,
aunque más leve. Ya no es protagonista: es resistencia.
El segundo soneto introduce una tensión nueva en la serie: el alma despierta, sí, pero ahora debe sostenerse despierta. Ya no basta con sentir la voz: hay que defenderla,
escucharla entre el ruido, alzarse con ella. El último terceto lo dice con fuerza: “Que sea mi palabra la que advierta / que
aun entre el ruido existe un fundamento: / la voz interior jamás se desconcierta.” Es una declaración ética, poética y espiritual.
Ya no estamos en el silencio del alba: estamos en la calle, en la fábrica, en la ciudad. Y allí también la voz puede vivir, si el poeta la sostiene con sus versos.

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