LA MARAÑA


LA MARAÑA

 


En mi memoria yo hallé nudos ciegos

un gran ruido de fondo que no entendía

señales mezcladas con mucho miedo

la luz adulterada todo el día

 

La maraña de errores me seguía

mi tiempo como un reloj sin agujas

una tormenta seca cada día

pero en mi interior no había quien traduzca

 

Señales y coincidencias que veía

cuando esas sorpresas que a mi venían

pero no entraba en las puertas que me abrían

porque pregunte a sabios que no sabían

 

En la maraña no hay sabios entendidos

ninguno busca deshacer el ovillo

siempre cortan el hilo del destino

practican a la memoria el olvido

 

La maraña te escribe otro camino

es vida sin propósito ninguno

por eso te cambia el gozo por vino

ella te deja sin destino alguno

 

Porque destino no es ineludible

pues, aunque lo diga tu diccionario

porque hay una ciencia que lo hace posible

un camino que hay que buscar a diario

 

La maraña es un reino sin senderos, 

sombras que imitan voces del camino; 

confunde luz y verdad con sus velos, 

y roba al alma el pulso más divino.

 

Mas cuando el corazón oye su guía, 

se rompen los nudos que antes me ataban; 

la maraña pierde toda su energía, 

destino te traerá a quien te llama.

 

La maraña es hacha que corta el hilo,

que roba al alma el rumbo verdadero.

ella te confunde siempre de tu destino

es un mundo en el que no hay sendero

 

Atrévete a deshacer hoy tu maraña

a seguir las señales de tu destino

entonces será tu mejor hazaña

y solo así encontraras tu camino

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO (JAWDI)

En este poema, la maraña aparece como el territorio oscuro del alma, ese lugar donde las señales se mezclan, la memoria se enreda y la luz se falsifica. No es solo confusión: es un sistema completo, un reino sin senderos donde cada paso conduce a un eco falso, a una voz adulterada, a un hilo roto.

La maraña es el espacio donde el destino pierde su forma. Allí el tiempo deja de avanzar, se convierte en un reloj sin agujas, en una tormenta seca que amenaza, pero nunca limpia. La maraña es ruido, miedo, coincidencias mal interpretadas, puertas que se abren, pero no se cruzan porque el alma pregunta a sabios que no saben, a voces que no guían, a luces que no iluminan.

En la trama del libro que estoy escribiendo, la maraña es la anti–conciencia, el anti–camino, la anti–señal. Es el lugar donde el destino se corta, donde la memoria se practica como olvido, donde la vida pierde propósito y se convierte en un sendero escrito por otro. La maraña es la fuerza que intenta reescribir la historia del alma, desviarla, confundirla, hacerla creer que no hay hilo, que no hay guía, que no hay voz.

Pero mi poema introduce un giro esencial: la maraña no es invencible. Se sostiene solo mientras el corazón permanece callado.

Cuando el corazón escucha su guía —esa voz interior que en mi obra es el maestro del destino— los nudos se rompen, la luz adulterada pierde poder, y el hilo vuelve a encender su llama. El destino no es ineludible, pero sí es recuperable. La maraña puede cortar el hilo, pero no puede destruirlo. El alma puede perder el camino, pero no la capacidad de volver a encontrarlo.

En la arquitectura de este libro, este poema enseña que:

·       La maraña es el enemigo del destino.

·       El destino es la ciencia de buscar el camino cada día.

·       La maraña confunde; el destino aclara.

·       La maraña corta; el destino une.

·       La maraña imita luz; el destino es luz verdadera.

·       La maraña escribe otro camino; el destino escribe el propio.

El poema concluye con una invitación: atreverse a deshacer la maraña, seguir las señales del destino, y convertir esa búsqueda diaria en la mayor hazaña del alma. Porque solo quien enfrenta su maraña puede encontrar su destino.


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