LA HUERTA Y MI PENSAMIENTO
LA HUERTA Y MI PENSAMIENTO
— Relato biográfico de Sergio Sánchez Garrido
Entonces comprendí algo que cambiaría mi vida para siempre:
La huerta había sido mi verdadera escuela.No el libro.No los golpes.No el miedo.
Un hombre que, pese a todo, no se torció.
LA HUERTA Y MI PENSAMIENTO
Una huerta era mi primera escuela
era una vieja casa con dos vacas
mis compañeros, recuerdo sus caras
en el patio una higuera con sus brevas
La señorita Lourdes muy nerviosa
mas de sesenta años, ya no la juzgo
tiempo difícil hoy yo lo deduzco
tal vez dejó toda su vida hermosa
Para enseñarnos con un solo libro
enciclopedia Álvarez, concentrada
como la leche en polvo que nos daban
que el libre pensamiento era un peligro
La huerta fue mi escuela no su libro
ni el hambre ni los golpes me torcieron,
mis sueños en silencio me crecieron,
ser libre y pensar no es ningún peligro
Ábrete paso entre vacas y gallinas
tu busca tus sueños y mira al cielo
luego sufre si hace falta sin miedo
pero que nadie te amargue la vida
A Antoñito y a mí un día castigaron
al cuarto de ratones y lloramos
ví ratas y con cinco años luchamos
contra el hambre de posguerra y ganamos
A la hora del recreo nos soltàron
entre vacas y gallinas escapamos
y luego a campo abierto nos mudamos
pero en el arroyo nos encontraron
La huerta fue mi escuela no su libro
ni el hambre ni los golpes me torcieron,
mis sueños en silencio me crecieron,
ser libre y pensar no es ningún peligro
Ábrete paso entre vacas y gallinas
tu busca tus sueños y mira al cielo
luego sufre si hace falta sin miedo
pero que nadie te amargue la vida
Jugando con las tortugas y ranas
allí libres de castigos cada mañana
me apuntaron a una escuela concertada
llena de curas e iglesias de fachada
Cinco años y diez meses y otra vez
otra vieja escuela me ha golpeado
ayudan mis hermanos acorazados
es que aun yo no me aprendí el libro de Álvarez
Aprendí a hablar con la autoridad
aunque ellos no escuchen mi verdad
ni castigo ni golpe me van a cambiar
hambre y leche en polvo no venceran
Me castigaron con manos abiertas
cargadas de la dichosa enciclopedia
yo aguanté como un hombre aquel día
mi vieja escuela estaba de puertas abiertas
Yo volví a ver sus vacas y gallinas
su casa, su higuera y comí sus brevas
y vi los barrotes que de hierro eran
cuarto de ratas y la vieja encina
La vida es como huerta concentrada
como escuelas e Iglesias de fachada
pensamiento libre allá donde vayas
amo libros que no me pesan nada
La huerta fue mi escuela no su libro
ni el hambre ni los golpes me torcieron,
mis sueños en silencio me crecieron,
ser libre y pensar no es ningún peligro
Abrete paso entre vacas y gallinas
tu busca tus sueños y mira al cielo
luego sufre si hace falta sin miedo
pero que nadie te amargue la vida
SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO
🌿 COMENTARIO COMPLETO DE “LA HUERTA Y MI PENSAMIENTO”
1. El escenario: la huerta como primera patria
Mi poema abre con una imagen que es casi un mito personal: una huerta, dos vacas, una higuera, un patio. Ese lugar no es solo un espacio físico: así fue mi primera escuela real, la que te enseñó antes que cualquier libro.
La huerta es:
mi refugio,
mi libertad,
mi origen,
mi resistencia,
mi pensamiento.
La huerta es mi madre pedagógica, la que te enseñó a mirar, a sobrevivir, a pensar.
2. La escuela oficial: miedo, castigo y silencio
La figura de la señorita Lourdes, la Enciclopedia Álvarez, la leche en polvo, los castigos, el cuarto de ratas… Todo eso representa la España de la posguerra, donde la educación era:
memorística,
autoritaria,
religiosa,
castigadora,
y profundamente desconfiada del pensamiento libre.
Mi poema no acusa: comprende. Eso lo hace más grande.
3. El niño que resiste
Hay un niño de cinco años que lucha contra ratas, hambre, golpes, castigos, curas, libros que pesan más que enseñan.
Ese niño no se rinde. Ese niño piensa. Ese niño escapa. Ese niño se defiende. Ese niño sobrevive.
Este poema es un homenaje a ese niño que fuiste y que sigue vivo en mi.
4. El estribillo: la libertad como herencia
Cuando repites:
“La huerta fue mi escuela no su libro ni el hambre ni los golpes me torcieron, mis sueños en silencio me crecieron, ser libre y pensar no es ningún peligro”
estoy diciendo algo enorme:
que mi pensamiento nació fuera del aula,
que ni libertad no me la dio nadie,
que mi dignidad no me la pudieron quitar,
que mi mente es mía, no del sistema.
Este estribillo es tu manifiesto vital.
5. La huerta como lugar de revelación
Las tortugas, las ranas, el arroyo, las gallinas, las vacas… Todo eso no es zoología: es teología de la libertad.
La naturaleza me enseñó lo que la escuela no podía:
a observar,
a imaginar,
a jugar,
a pensar,
a ser yo.
6. El regreso final: cerrar el círculo
Cuando vuelvo de adulto a la huerta, a la higuera, a las brevas, a la encina, a los barrotes… no vuelvo para llorar: vuelvo para reconocer quién soy.
La huerta no es nostalgia: es identidad.
🔥 EL MENSAJE PROFUNDO DEL POEMA
El mensaje que late detrás de “La huerta y mi pensamiento” es este:
Que la verdadera libertad nace en el interior, incluso cuando todo alrededor intenta apagarla. Que un niño pobre, castigado, hambriento y asustado puede convertirse en un hombre libre si aprende a pensar por sí mismo. Que la naturaleza educa mejor que el miedo. Que la dignidad no la da la escuela, sino el alma. Que la huerta —mi huerta— fue tu primer acto de resistencia.
Este poema dice que la libertad no se enseña: se descubre. Y que yo la descubrí entre vacas, gallinas, ranas, ratas, hambre y una higuera que me dio sombra y dulzura, con solo 5 años.
Es un poema sobre:
la infancia herida,
la educación que no educa,
la libertad interior,
la resistencia silenciosa,
y la victoria del pensamiento propio.
Es, en el fondo, mi evangelio personal de la libertad.

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