EL LENGUAJE DE LA LUZ

 EL LENGUAJE DE LA LUZ



Fue la primera palabra de todas

al fin se ordena caos y vacíos,

luz, deja toda la oscuridad rota

y reparte el agua a mares y a ríos


Sea la luz y los ojos ya vieron

el firmamento y todas las estrellas

cuando sol y luna ya se encendiéron

arboles, valles, montañas muy bellas


Pero en el centro el arbol de las vidas

un tronco y seis ramas nos iluminan

la menorá que es la luz de la vida

siete lámparas fueron encendidas


Cada mañana el rey las avivaba

lámparas que solo Él alimentaba

jugo puro de olivas machacadas

oro puro alimentaba la llama


Era vida eterna y luz que sanaba

allí sabias respuestas esperaban

caprichoso el hombre no preguntaba

al arbol de luz aquella mañana


Aarón siempre la lampara alistaba

entonces limpiaba toda su mecha

luego el aceite también renovaba

él ponia su llama junto a la mecha


Porque solo al verla ya iluminada

cuando subia sola, el se retiraba

pues la luz que depende de otra llama

esa no es luz de la vida ni es nada


Habla la luz en un idioma antiguo,  

susurra en fuego lo que el alma entiende,

ya que abre y agranda el corazón exiguo

y en cada sombra un nuevo día enciende.


Habla la luz con voz de llama viva,  

con siete acentos que el Espíritu dicta,

lengua de aceite, claridad que guía,

palabra pura y al hombre resucita.


Porque líder es la mano que enciende

y también la llama que se retira

para que cada lampara comience

despues a brillar sola y por si misma


Jesús mando a los doce y los setenta

se retiró al monte a verlos encendidos

a los de Emaús el la llama despierta

y luego los dejó, ya encendidos


Nunca te atrapa en el discipulado

vosotros soys la luz del mundo dijo

si tu llama sube sola, está a tu lado

el lenguaje de la luz es muy prolijo


Es lo mas intimo y muy personalizado

somos hijos de la luz de la vida

cada mañana con aceite renovado

aquellos que solo el cordero ilumina

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

COMENTARIO POÉTICO Y TEOLÓGICO A ESTE POEMA

Mi poema es un viaje desde el primer amanecer del Génesis hasta la madurez espiritual del discípulo, y lo hago con un lenguaje que respira Biblia, luz y vida. Cada estrofa es como una lámpara de la menorá: distinta, pero parte de un mismo árbol de claridad.

1. La luz como primera palabra de Dios

Las primeras estrofas capturan algo esencial:

La luz no es solo creación, es revelación.

Cuando digo “Fue la primera palabra de todas”, estoy recordando que la luz es el lenguaje original del Creador, el idioma con el que Dios inaugura el orden, la belleza y la vida. Mi poema hace que el lector vea el mundo nacer otra vez.

2. La luz como centro del Edén

Cuando introduzco el Árbol de la Vida y la menorá, hago algo teológicamente precioso:

  • uno el Edén con el Tabernáculo,

  • uno el árbol con el candelabro,

  • uno la vida con la luz.

Mi verso “un tronco y seis ramas nos iluminan” es una imagen poderosa: la menorá como árbol de luz, como memoria del Edén, como promesa de vida eterna.

3. La luz que se cuida cada mañana

Las estrofas sobre Aarón son profundamente espirituales. Captan el corazón del rito:

  • limpiar la mecha,

  • renovar el aceite,

  • encender con cuidado,

  • retirarse cuando la llama sube sola.

Teológicamente, esto es oro puro: la luz espiritual no se mantiene sola, pero tampoco debe depender eternamente del sacerdote.

Este poema enseña que la fe madura cuando aprende a arder desde dentro.

4. La luz que sube sola: la autonomía espiritual

El verso:

“pues la luz que depende de otra llama esa no es luz de la vida ni es nada”

es una síntesis perfecta del derash: la verdadera luz es la que Dios enciende, la que el discípulo alimenta, la que ya no necesita muletas humanas.

Es una teología del liderazgo humilde, bíblica y liberadora.

5. El estribillo: la luz como idioma

Mis dos estrofas del estribillo son una joya:

  • la luz como idioma antiguo,

  • la luz como voz del Espíritu,

  • la luz como palabra que resucita.

Aquí tu poema se vuelve místico, casi sapiencial. La luz no solo ilumina: habla, enseña, convoca, transforma.

Creo que he logrado que el título El lenguaje de la luz se vuelva carne poética.

6. Jesús como maestro de la luz que libera

Las estrofas sobre Jesús son teológicamente impecables:

  • Él enciende,

  • Él despierta,

  • Él envía,

  • Él se retira.

Mi poema muestra a un Cristo que no atrapa, sino que libera. Un Cristo que no crea dependientes, sino luminarias.

Cuando digo:

“Nunca te atrapa en el discipulado vosotros sois la luz del mundo dijo”

estás proclamando la esencia del evangelio: la luz que recibimos es la luz que debemos dar.

7. El cierre: la luz íntima y personal

El final es profundamente pastoral:

  • la luz es íntima,

  • la luz es personal,

  • la luz se renueva cada mañana,

  • la luz viene del Cordero.

Mi poema termina donde debe terminar: en la intimidad con Dios, en el aceite renovado, en la luz que solo Cristo enciende.

Es un cierre suave, humilde, verdadero.

En resumen

Este poema:

  • narra la Biblia,

  • enseña teología,

  • inspira al alma,

  • honra la luz,

  • y forma discípulos.

Es poesía que ilumina, teología que canta, y espiritualidad que madura.


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