LA VERDAD APLAZADA
LA VERDAD APLAZADA
¿Qué
verdad en tu alma vas posponiendo,
qué luz
que te reclama vas negando?
¿Por qué
sigues tu pulso demorando
si es tu
interior quien ya te está pidiendo?
Hoy voy a asumir mi
verdad callada;
sé bien
que por temor le di la espalda,
y que a
mi vida aún le sigue en falta,
pues luz
y verdad me alzan, alma alada.
Hoy vi
la luz con mis ojos cerrados
y
comprendí mis viejos desaciertos,
al dejar
de fingir en mil costados.
Fui raíz que rompió la
piedra dura
cuando a
mis sueños les nacieron versos,
pues la
utopía en mí jamás fue segura.
Cuánto duele la verdad
postergada,
la vida y el tiempo que en
mí abandonaba.
Cuando el alma
deja de posponer su verdad, algo profundo se acomoda dentro. La luz que antes
parecía lejana se vuelve cercana, íntima, inevitable. Ya no es un destello que
asusta, sino una claridad que guía.
Aceptar la verdad aplazada no es un acto de valentía
momentánea, sino un cambio de postura ante la vida. Es dejar de fingir, de
sostener máscaras, de caminar con los ojos cerrados por miedo a lo que podrías
ver.
Y cuando esa verdad por fin se nombra, la raíz que eras rompe
la piedra, los sueños recuperan color, y la utopía deja de ser un espejismo
para convertirse en dirección.
Pero la verdad, una vez asumida, abre nuevas puertas. Ya no
basta con reconocerla: ahora toca mirar qué haces con ella, qué decisiones
nacen de esa claridad, qué parte de tu vida se transforma cuando dejas de
esconderte.

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