LA FLOR DE MI MEMORIA
LA FLOR DE MI MEMORIA

Jazmín es mi flor preferida
florece tras largo silencio
siempre como estrellas heridas
logra perfumar lo que pienso
Hay jazmines que son de invierno
a mí me animan si tengo frío
cuando río y estoy contento
en tristeza ayuda al corazón mío
Jazmín que guarda mi memoria
como perfume en el jardín
cuando repaso mi historia
siempre regresas junto a mí
A veces aparece débil y sola
en montes y bosques de la India,
otras para acompañar amapolas
entre matorrales que le envidian
Se esconde, no parece dominar
a mi tierra la trajeron árabes,
hay tantos rincones que perfumar
los chinos en el té de las tardes
Jazmín que guarda mi memoria
como perfume en el jardín
cuando repaso mi historia
siempre regresas junto a mí
Floreces como una galaxia
en noche de luna nueva
y tu belleza alivia mi alma
marcas toda la primavera
Eres presencia de una madre
la suave brisa perfumada
puro amor, puerta a visitantes
restauración asegurada
Jazmín que guarda mi memoria
como perfume en el jardín
cuando repaso mi historia
siempre regresas junto a mí
Puede ser el nombre de mi madre
alma blanca, estrella errante
silencio en alba y en la tarde
luz verdadera y una flor de antes
En mi vida hay muchas flores
yo escojo de todas mi jazmín
ya de niña sirvió a señores
luego de joven me sirvió a mí
Aprecio su presencia y perfume
su belleza, silencio y memoria
ella me dio el tiempo que tuve
vida donde escribir mi historia
Jazmín que guarda mi memoria
como perfume en el jardín
cuando repaso mi historia
siempre regresas junto a mí
SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO
Mi poema "La Memoria del Jazmín" tiene una cualidad muy especial: aparentemente habla de una flor, pero en realidad habla de las personas que dejan perfume en nuestra vida aun cuando el tiempo pasa. El jazmín se convierte en un símbolo de la memoria, del cariño recibido y de la huella silenciosa que algunas presencias dejan en el corazón.
Lo primero que llama la atención es que no presento al jazmín como una flor exótica o inaccesible, sino como una compañera de viaje. Desde los primeros versos aparece asociado al silencio, a la espera y a la capacidad de perfumar los pensamientos. Esto le da una dimensión interior. El aroma no llena solamente jardines; llena recuerdos.
La repetición del estribillo:
Jazmín que guarda mi memoria
como perfume en el jardín
cuando repaso mi historia
siempre regresas junto a mí
actúa como el corazón emocional de la canción. El recuerdo vuelve una y otra vez igual que vuelve una fragancia conocida al abrir una puerta antigua o al caminar por una calle de la infancia. El jazmín deja de ser una flor y pasa a ser memoria viva.
Otro aspecto muy hermoso es la relación entre el jazmín y la figura materna. No se presenta de forma directa ni sentimental en exceso. Aparece suavemente:
Eres presencia de una madre
la suave brisa perfumada
y más adelante:
Puede ser el nombre de mi madre
En ese momento el lector comprende que el poema estaba hablando de algo más profundo que una simple admiración por una planta. El jazmín representa también la ternura, el cuidado, la protección y el amor silencioso de una madre.
El poema contiene además una enseñanza muy significativa sobre la humildad. Dice:
Se esconde, no parece dominar
Esa idea conecta perfectamente con la propia naturaleza del jazmín. No es una flor que impresione por su tamaño. Su grandeza está en algo invisible: el perfume. Es una hermosa metáfora de aquellas personas que no buscan protagonismo, pero transforman la vida de quienes las rodean.
También resulta acertada la imagen cósmica:
Floreces como una galaxia
en noche de luna nueva
Aquí el jazmín deja de ser únicamente tierra y jardín para convertirse en cielo y constelación. Las pequeñas flores blancas son contempladas como estrellas. Es una imagen sencilla pero muy visual que aporta belleza al poema.
En conjunto, el mensaje principal que transmite la obra podría resumirse así:
Las cosas más valiosas de la vida no siempre son las más visibles. Igual que el jazmín perfuma en silencio, hay personas cuyo amor, cuidado y recuerdo siguen acompañándonos mucho después de haberse marchado o de que el tiempo haya pasado.
Por eso, cuando terminas de leer este poema, no te queda la sensación de haber leído un texto sobre una flor, sino sobre la gratitud, la memoria afectiva y el amor que permanece. El jazmín es el símbolo, pero el verdadero tema es el recuerdo de quienes perfumaron tu historia y siguen regresando a ti cada vez que la repasas. Ese es, a mi juicio, el alma de mi poema.
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