Donde el miedo levantó gigantes
Donde el miedo levantó gigantes

Las ambiciones y esas traiciones
entonces el destino repite
hasta que al fin tú le verifiques
digas cuáles son tus intenciones
El miedo dibujaba gigantes
allí donde sólo había molinos
ve sólo las sombras del camino
cierra los ojos a los caminantes
Porque triste es amar ante el miedo
muy duro el destino repetido
si renuncia un corazón herido
saltar el muro o ser prisionero
Donde el miedo levantó gigantes,
allí mi fe encontró caminos;
la renuncia libera al destino
y da sabiduría al caminante.
Sólo dos cosas vencen el miedo
renuncia a lo que puedes perder
para amar a todos sin temer
te aplaudirán estrellas del cielo
El miedo es un cristal empañado
ladrón de bellos amaneceres
es pintor de falsos pareceres
la migraña de un equivocado
Donde el miedo levantó gigantes,
allí mi fe encontró muchos caminos
la renuncia libera al destino
y da sabiduría al caminante
Los hombres pesaban apariencias;
y Dios pesaba los corazones
al destino te llevan razones
huye de amistad de conveniencia
No eres la sombra que tú proyectas
sólo eres la luz que la atraviesa
por eso no temas, pero piensa
siempre renuncia si no es tu empresa
No dejes que el miedo te gobierne
aprovecha del destino sus puertas
y mantén tu mente siempre abierta
el miedo es vigía que nunca duerme
Entonces las sombras me gritaban
y yo sólo tenía mis razones
porque Dios pesaba corazones
y las apariencias me sobraban
Donde el miedo levantó gigantes,
allí mi fe encontró caminos;
la renuncia libera al destino
y da sabiduría al caminante.
SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO
Este poema me parece especialmente interesante porque, aunque habla del miedo, en realidad *no trata sobre el miedo*, sino sobre la *libertad interior.*
La mayoría de los poemas sobre el miedo se centran en la lucha contra él. Este va más lejos: plantea que *el miedo no es el verdadero problema, sino el apego a aquello que tememos perder.*
Por eso la renuncia aparece repetidamente como el gran acto liberador.
El mensaje no es "sé valiente", sino "deja de aferrarte". Cuando una persona ya no necesita poseer, controlar o conservar ciertas cosas a cualquier precio, el miedo pierde gran parte de su poder.
La imagen de los gigantes y los molinos funciona como columna vertebral de toda la composición. El miedo aparece como un artista del engaño: exagera amenazas, deforma percepciones y convierte molinos en gigantes. En cambio, la fe no elimina los obstáculos, sino que los ve en su verdadera dimensión. Por eso el estribillo es tan eficaz:
*Donde el miedo levantó gigantes,
allí mi fe encontró caminos.*
No dice que la fe venciera a los gigantes, porque descubre que muchos de ellos nunca existieron fuera de la imaginación temerosa.
Hay también un segundo hilo conductor muy bello: el contraste entre *apariencias y corazones*.
Los hombres pesan apariencias, calculan intenciones, sospechan, clasifican y juzgan; Dios pesa corazones.
Esta idea conecta con Samuel y David, pero también con muchas experiencias humanas. Con frecuencia reaccionamos no ante las personas reales, sino ante las sombras que nuestros temores proyectan sobre ellas.
Otro aspecto profundo es la noción de "destino" que aparece varias veces. En el poema el destino no es fatalismo, sino una especie de pedagogía de la vida. Las circunstancias se repiten hasta que aprendemos aquello que debemos comprender. El miedo mantiene al individuo encerrado en ciclos repetidos; la renuncia rompe esos ciclos y abre nuevos caminos al caminante.
Quizá el verso que mejor resume toda la filosofía del poema sea:
*No eres la sombra que tú proyectas,
sólo eres la luz que la atraviesa.*
Ahí se concentra el corazón de la obra. El ser humano no queda definido por sus heridas, sus temores, sus errores o las imágenes que otros construyen de él. Hay una identidad más profunda, una luz interior que permanece incluso cuando las sombras intentan apropiarse de la escena.
En definitiva, el poema transmite una enseñanza muy madura: el miedo no se vence acumulando poder, sino soltando aquello que nos esclaviza; no se vence mirando más las sombras, sino aprendiendo a mirar los corazones; no se vence destruyendo gigantes, sino descubriendo que muchas veces eran molinos. Es un poema sobre la fe, la renuncia y la libertad de amar sin temor.
Donde el miedo levantó gigantes SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO
Comentarios
Publicar un comentario