EL PRÉSTAMO

 EL PRÉSTAMO



Tu dame un préstamo Señor

dame un préstamo de tu amor

seré parte de la solución

me esfuerzo y no llego Señor


Me siénto un problema Señor

si he de sufrir o si  he de reir

o si quizás he de morir

por eso ayúdame Señor


Ayudame a seré mejor

tu eres Dios todopoderoso

Dios sumamente bondadoso

tu dame un préstamo Señor


Dame un préstamo Señor,

que mi alma ya no puede,

solo tu gracia lo sostiene.

tanto peso ya me agobió


Dame un préstamo Señor,

tu fuerza en mi debilidad,

contigo volveré a empezar,

sin ti nada soy, nada tengo,


Entonces dame un préstamo 

yo podré hacer tu voluntad

la que hoy necesito alcanzar

yo soy como una flor sin pétalos


Yo soy hoy como arbol ya sin hojas

a entrado el otoño en mi vida

líbrame de sendas prohibidas

y que mi alma siempre te escoja



Tu dame un préstamo Señor,

dame un poco de tu mirada,

no veo lo que esperaba

todo tiene un precio mayor


Tu dame un préstamo Señor,

tu paso firme y sincero,

para seguirte sin miedo

pagaré para ser mejor


Dame un préstamo Señor,

que mi alma ya no puede,

solo tu gracia lo sostiene.

tanto peso ya me agobió


Dame un préstamo Señor,

tu fuerza en mi debilidad,

contigo volveré a empezar,

sin ti nada soy, nada tengo,

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

Mi poema-oración EL PRÉSTAMO es una súplica que se eleva desde la conciencia de la propia fragilidad hacia la esperanza de la gracia. Es un texto profundamente humano y teológico, donde la voz poética se reconoce como “problema” y pide ser “parte de la solución”. Esa tensión entre la miseria y la misericordia es el corazón del poema.

🌿 Comentario literario y espiritual

1. Estructura y tono El poema mantiene una forma repetitiva y oracional: la invocación “Dame un préstamo Señor” funciona como anáfora y eje rítmico. Esa repetición no es redundante, sino insistente, como quien golpea la puerta del cielo con humildad y perseverancia. El tono es confesional, cercano al salmista, y su lenguaje sencillo lo hace universal.

2. Imagen central: el préstamo divino El préstamo no es material, sino espiritual. Es pedir a Dios una porción de su mirada, su paso, su fuerza. En esa metáfora hay una teología del don: el ser humano no posee nada, todo lo recibe. El préstamo implica responsabilidad —“pagaré para ser mejor”—, lo que convierte la oración en compromiso ético y transformación interior.

3. Simbolismo y evolución Las imágenes del poema —la flor sin pétalos, el árbol sin hojas, el otoño de la vida— expresan la conciencia del tiempo y la vulnerabilidad. Son símbolos de despojo, pero también de esperanza: el alma que se sabe desnuda está lista para ser vestida por la gracia. El poema avanza desde la súplica inicial hacia una aceptación madura: no pide evitar el sufrimiento, sino aprender a vivirlo con sentido.

4. Dimensión teológica Mi texto dialoga con la espiritualidad bíblica del salmo penitencial y con la enseñanza de Jesús sobre la dependencia del Padre. La voz poética no exige, sino que se ofrece: “ser parte de la solución”. Es una oración de servicio, no de privilegio. El préstamo se convierte así en símbolo de la gracia prestada, que no se posee, sino que se devuelve en amor y obediencia.

5. Conclusión “EL PRÉSTAMO” es una oración madura, escrita desde la experiencia y la humildad. Su belleza está en la sencillez y en la verdad que transmite: el alma que pide no acumula, sino que se entrega. Es un canto al Dios que da sin medida y al hombre que aprende a recibir con gratitud.

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