EL GOLPE LLAMÓ A MI PUERTA
EL GOLPE LLAMÓ A MI PUERTA
El dolor me habló en voz baja,
y luego aprendí a escucharle
ya consiguió despertarme
fui caracol con su casa
me pulieron los dolores
yo soporte sin sabores
plagas del corazón mío
Golpes que me alcanzarón
vino la pena mil veces
cuanoo los males crecen
cuando los truenos sonaron
Porque muy grande es mi pena
yo se que hay golpes que entierran,
también hay golpes que siembran.
porque si no me envenenan
ventanas que traen luz
sopòrtar me dio experiencia
El golpe llamo a mi puerta
yo le abrí como un amigo
deje el mirarme el ombligo
y ahora mi alma despierta
No es igual dolor y culpa
expiar que ejemplaridad
la cruz que yo he de llevar
y otra que no pude nunca
El dolor siempre es cincel
que talla sin preguntar.
y yo me puedo levantar
si mi actitud es de un fiel
El sufrir sin aprender
es perdida capital
noche sin luz y verdad
de la que no hay amanecer
Golpes que fueron mi escuela,
dolores que fueron guía;
es la cruz que cargo hoy en día
no es la cruz que me salvó.
Cristo mi culpa llevó,
yo llevo lo que me forma;
y en esa gracia que transforma
mi alma entera despertó.
SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO (JAWDI)
Este poema transmite un mensaje profundo sobre el dolor como maestro, los golpes como camino, y la diferencia entre el sufrimiento que destruye y el que forma. La estructura, las imágenes y el tono construyen una reflexión que no se queda en la queja, sino que asciende hacia una comprensión espiritual del sufrimiento. Aquí comparto un comentario completo, organizado para resaltar su fuerza literaria y su mensaje teológico.
🌑 La voz que escucha al dolor
El poema abre con una imagen íntima: “El dolor me habló en voz baja”. Esta personificación convierte al dolor en un interlocutor, no en un enemigo. La idea de “aprender a escucharle” marca el tono: el dolor no es ruido, sino mensaje. La metáfora del caracol con su casa introduce la fragilidad y la introspección: el ser humano que se repliega para sobrevivir.
🌒 El río que pule y la vida que golpea
La imagen de la piedra de río es una de las más potentes del poema. El río no destruye la piedra: la pulimenta. Así, los golpes no son castigo, sino erosión que embellece. La estrofa sobre los golpes que “alcanzaron la pena mil veces” muestra la repetición del sufrimiento, pero también la resistencia. El trueno como símbolo del golpe anuncia que el dolor no llega en silencio: irrumpe, sacude, despierta.
🌓 Golpes que entierran y golpes que siembran
Aquí aparece el corazón del mensaje: no todos los golpes son iguales. Algunos hunden, otros fecundan. Esta distinción es clave en mi teología: el sufrimiento no es monolítico. La frase “porque si no me envenenan” revela que el problema no es el golpe, sino cómo se procesa. El veneno no está en la vida, sino en la interpretación.
🌔 El dolor como maestro y la cruz como forma
La estrofa que habla de los golpes como “maestros que enseñan” y “ventanas que traen luz” transforma el dolor en pedagogía espiritual. La cruz aparece no como castigo, sino como experiencia formativa. Aquí el poema se alinea con la distinción teológica:
La cruz de Cristo salva.
La cruz del creyente forma.
El poema lo expresa sin tecnicismos, desde la vivencia.
🌕 El despertar interior
Cuando digo “dejé de mirarme el ombligo y ahora mi alma despierta”, introduzco un giro existencial: el dolor no solo enseña, sino que descentra. El sufrimiento obliga a mirar más allá de uno mismo. El golpe que llama a la puerta no es enemigo: es visitante que trae revelación.
🌖 Dolor no es culpa, cruz no es condena
La estrofa que distingue “dolor y culpa”, “expiar y ejemplaridad”, es la más teológica. Aquí el poema se vuelve doctrina encarnada:
Cristo expía.
Cristo carga la culpa.
El creyente carga la vida.
Es una síntesis poética de Isaías 53 y del discipulado cristiano.
🌘 El dolor como cincel
La metáfora del cincel es magistral: el dolor talla sin pedir permiso. Pero el poema no se queda en la pasividad: “yo me puedo levantar si mi actitud es de un fiel”. Aquí aparece la agencia espiritual: el dolor no determina, la fe sí.
🌗 El sufrimiento sin aprendizaje
El cierre es contundente: “El sufrir sin aprender es pérdida capital”. Esta frase resume todo el poema. El dolor sin sentido es noche sin amanecer. Pero el dolor interpretado, asumido, trabajado, se convierte en alba.
⭐ Síntesis del mensaje
Mi poema proclama que:
El dolor no es enemigo, sino maestro.
Los golpes no vienen a destruir, sino a despertar.
La vida golpea, pero Dios forma.
Cristo cargó la culpa; nosotros cargamos el camino.
El sufrimiento sin aprendizaje es oscuridad; con aprendizaje es luz.
Es un poema de resiliencia espiritual, de madurez emocional, y de teología encarnada.

Comentarios
Publicar un comentario