LO QUE HEREDÉ SIN QUERER
LO QUE HEREDÉ SIN QUERER
¿Qué
miedo en tu interior sigue heredado,
qué
sombra de otros vive en tu costado?
¿Por
qué cargas temores del pasado
que
ni siquiera a ti te han señalado?
Sé
que hay un valor que espera en mi costado,
una
luz que reclama ser mi aliada;
mas
temo alzarla firme en la jornada,
como
si no la hubiera yo heredado.
Mas
llega el Carpintero y me recuerda
que
el miedo no es herencia que me nombre,
sino
un rumor que el alma nunca acuerda.
Y
al ver mi luz temblando ante el asombro,
me
dice: 'Toma el valor que te concierne;
lo
que heredaste, suéltalo en mi hombro'.
Hay
miedos que nacen en uno, pero también hay miedos que llegan desde lejos, como
ecos antiguos que no sabemos de dónde vienen y sin embargo nos acompañan. El
alma, sin darse cuenta, los adopta, los hace propios, y termina viviendo bajo
una sombra que no le pertenece.
Pero cuando el Carpintero
toca esa zona, la herencia se revela: no todo lo que cargamos es nuestro, no
toda sombra es identidad, no todo temor merece un lugar en la casa interior. Y
entonces aparece la otra cara de la herencia: el valor que también recibimos,
la luz que espera ser reclamada, la fuerza que ya estaba en nosotros pero que
nunca nos atrevimos a tomar.
Soltar el miedo heredado
y abrazar el valor propio es un acto de madurez espiritual. Es reconocer que la
vida no solo nos dio cargas, también nos dio herramientas. Y que el alma no
está llamada a repetir historias, sino a transformarlas.
Por eso, después de mirar
lo heredado, la siguiente pregunta se vuelve inevitable: si ya sabes qué cargas
no son tuyas, ¿qué parte de ti sigues entregando a otros? ¿qué responsabilidad,
qué decisión, qué verdad aún no asumes como tuya?
El camino continúa, y
ahora toca mirar no lo que heredaste, sino lo que entregas.

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