LA RAZÓN QUE ME ORDENA


LA RAZÓN QUE ME ORDENA



La razón es la luz que me ordena,

claridad que acomoda lo vivido;

pone en su sitio el gozo y la pena

y da sentido a todo lo aprendido.

 

Aunque sé que la emoción sube y baja,

solo fue la voz que habló primero

y despertó instinto e intuición del cielo:

la conciencia dejó de serme extraña.

 

Lo que vibra se une con lo que entiende,

junta la tormenta a la brisa suave;

al silencio da palabras, lo enciende.

 

Al rugido del león no hace caso;

cuando la armonía se hizo razonable,

ya mi interior avanzó paso a paso.

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

La razón ordenó el caos, dio sentido al temblor, encendió el silencio. Pero el alma no vive solo de claridad: necesita voz.

La emoción movió, la conciencia reveló, la razón organizó… pero ahora el alma quiere decirse, quiere nombrar lo que ha descubierto, quiere construirse en palabra.

La razón es arquitectura interior. La palabra es puente hacia el mundo. La razón comprende. La palabra comunica. La razón ordena. La palabra crea.

El alma que ha sido movida, iluminada y ordenada, ahora necesita expresarse. No para convencer, sino para existir con dignidad. No para explicar, sino para encarnar lo comprendido.

Por eso el siguiente soneto no será solo reflexión: será manifestación. Será voz que construye. Será palabra que afirma.

Ahora el poeta no solo comprende: empieza a decir quién es.

La razón ordenó. La emoción movió. La conciencia reveló. Pero el pensamiento… aún busca palabras.

No se conforma con comprender: quiere decirse. No se detiene en la claridad: quiere expresarse. No se limita a ordenar: quiere guiar.

El pensamiento es más que estructura: es camino interior, es voz que se forma, es intención que se afina.

Busca palabras no para hablar, sino para ser fiel a lo que ha comprendido. Busca palabras no para convencer, sino para encarnar la verdad que ha descubierto.

Cuando el pensamiento encuentra su palabra, el alma deja de repetir lo ajeno y empieza a nombrar lo propio.

Ahora el poeta no solo comprende ni se mueve: empieza a pensar con dirección.

Aquí nace el siguiente soneto: El pensamiento que me guía.

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