EL PENSAMIENTO QUE ME GUÍA

 

EL PENSAMIENTO QUE ME GUÍA



El pensamiento busca una palabra,

quiere nombrar la luz que lo ilumina;

si afuera un enemigo me descalabra,

yo sé que hay un verbo que al alma afina.

 

Ya que antes de ser palabra fue idea,

proyecto, promesa, deseo y aliento;

la fuerza interior que alza mi marea,

antes que voz, fue puro pensamiento.

 

El pensamiento guía desde dentro

porque es réplica fiel del universo:

de estrellas y galaxias es su centro.

 

Surgen poemas, nacen mis sonetos;

mis entrañas rebosan poesía,

mi pecho es fuente de mis pensamientos.

El pensamiento encontró su palabra, la nombró, la afinó, la convirtió en poesía. Pero la palabra, por sí sola, no transforma: necesita voluntad, necesita paso, necesita acto.

El alma ya no está perdida en la emoción, ni atrapada en el instinto, ni desordenada en el caos. Tampoco se queda solo en la claridad de la razón ni en la belleza del pensamiento que crea.

Ahora llega el momento de encarnar lo comprendido. De convertir la luz en camino, la idea en gesto, la intuición en dirección, la palabra en vida.

El pensamiento señala, pero es la voluntad la que avanza. El pensamiento sueña, pero es la decisión la que construye. El pensamiento imagina, pero es la acción interior la que transforma.

Por eso el siguiente soneto nace de una fuerza distinta: la que afirma, la que elige, la que sostiene, la que da el paso que el pensamiento inspira.

Ahora el poeta no solo piensa: empieza a caminar.

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