EL CEPILLO DEL CARPINTERO

 


Yo miré el cepillo del carpintero y la viruta iba cayendo al suelo; eran mis pensamientos sin consuelo, sueños muertos por falta de dinero.

Una idea, experiencia o vieja herida son olas que levantan voces propias, momentos que al final solo son copias, ecos de una memoria adormecida.

Mas, de vez en cuando, una Voz trasciende: la orilla rompe el ritmo más allá del sueño, el pensamiento y lo que sientes.

La Voz de Dios es onda de verdad: viene de afuera y se quiere integrar, tesoro oculto en campo que sorprendes.

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

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