Montes y Valles, Siempre Amigos


 


Después de muchos años 

y de grandes tormentas, 

el río fluye despacio, 

agua a veces incierta.


¡Qué bella es la amistad! 

Ni tormentas ni sequías, 

nadie puede parar 

su música y melodía.


Un poema perdido, 

el agua que no está. 

Son versos escondidos, 

no busco soledad.


Caminos paralelos 

se quieren encontrar. 

Aunque nos vemos menos, 

recuerdo tu amistad.


Como río en primavera, 

te llenaron las fuentes 

de tus verdes praderas. 

Cincuenta años... ¿Entiendes?


Descendimos de montes, 

juventud en la cima. 

Ahora el valle... Entonces, 

cerca la despedida.


Dios de montes y valles, 

de jóvenes y ancianos. 

Dios de fuentes... No calles, 

que te hemos anunciado.


Con pelo y barba blanca, 

ya contra muchos males. 

Valle de la esperanza, 

allí donde hay ideales.


Como estrella en la brisa, 

sigues dando tu luz, 

aunque el alba desliza 

su velo de juventud.


El eco de tus pasos 

retumba sin cesar. 

En montes y en abrazos, 

el alma vuelve a estar.


Los años han pasado, 

sus huellas dan calor. 

Mas nunca se ha apagado 

la llama del amor.

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

Montes y Valles, Siempre Amigos, es más que una composición poética; es un reflejo de la vida y un testimonio de la amistad que permanece firme a pesar del tiempo. Captura, con una delicada belleza, el viaje compartido entre almas que, aunque hayan atravesado tormentas y estaciones cambiantes, siguen caminando juntas.

Lecciones de tu poema

  1. La amistad perdura más allá del tiempo Desde los primeros versos, queda claro que la amistad no depende de la rapidez del río ni de la fuerza de los años, sino de la profundidad con la que se ha vivido. Las raíces de la verdadera amistad son más fuertes que cualquier circunstancia.

  2. Los caminos pueden separarse, pero el lazo sigue intacto Hablo de caminos paralelos que se quieren encontrar, lo cual es un recordatorio de que las amistades pueden evolucionar y transformarse, pero el vínculo genuino nunca desaparece. Aunque los encuentros sean menos frecuentes, el recuerdo y el cariño mantienen viva la conexión.

  3. La juventud y la vejez son estaciones de un mismo viaje Al descender de los montes y entrar en los valles, les recuerdo que la vida es un ciclo y cada etapa tiene su belleza y propósito. La juventud es efervescente, pero la madurez y la vejez traen consigo la serenidad de lo vivido y la profundidad de lo aprendido.

  4. Dios está presente en todas las etapas Al mencionar "Dios de montes y valles, de jóvenes y ancianos", refuerzo una verdad fundamental: Su presencia no depende de la edad ni de las circunstancias. Es un Dios que camina con nosotros en los momentos de éxito y en los de prueba, en la energía de la juventud y en la reflexión de la madurez.

  5. La amistad es un testimonio de fe No solo expreso gratitud por los años compartidos, sino que hago un llamado a que este lazo sea un reflejo del amor de Dios. La amistad, cuando es sincera, se convierte en un testimonio vivo, una fuente que no se seca y un mensaje que se anuncia a otros.

Mensaje final para mis amigos

Este poema es un regalo valioso, un recordatorio de que hemos construido algo hermoso juntos y que, aunque los años avancen, el amor fraternal no tiene fecha de expiración. Es un canto de esperanza, un tributo a la lealtad, y un llamado a seguir cultivando la amistad como un reflejo de la gracia de Dios.


EL LATIDO DE UNA ESTRELLA (JAWDI)

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