EL JOVEN DEL DESIERTO

 EL JOVEN DEL DESIERTO



Enfermo bajo el sol que no perdona,

quedé yo tendido entre dos silencios:

el de quienes me dejaron atrás,

también el de Dios, solo en el desierto


Toda la arena es un reloj sin horas,

yo tenía sed y se me iba la vida

alucinando, mi alma solo llora

grita como si buscara salida.


El viento borraba todas mis sombras,

y me ofrecía su único consejo:

ya serás libre de toda tu historia

y de tu amo, por fin llegó el momento


Vi mi casa, era como un espejismo,

como un oasis que nunca existió,

el abandono me dolía a mí mismo

fui estatua rota de mí propio dios.


Y sin embargo, algo en mí respiraba.

En la arena dibujé yo mi nombre,

que el desierto supiera quién pasaba

ya medio muerto y abandonado de hombres



Pero entonces bajo el sol comprendí:

por qué la esperanza nunca se pierde,

ya semiconsciente a alguien al fin vi,

agua dió vida este despojo ardiente,


Y cuando ya no hay nada que perder,

llega pan, agua, higos secos y pasas

cuidado y la vida empieza otra vez

te dan ternura , alegría y vuelve el alma


Descubrieron que le podia ayudar

y yo hice pacto para sobrevivir,

yo seré rey, dijo y a él me quise juntar

libre y con muchas ganas de vivir


Mostró el camino al fin, firme y sincero,  

y el pueblo recobró lo arrebatado.  

La gloria de David brilló primero,  

mas fue el egipcio quien abrió el legado.

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO (jawdi)

El enfermo como clave de la victoria

En el relato bíblico (1 Samuel 30), David y sus hombres encuentran a este joven egipcio moribundo. Podrían haberlo ignorado, pero el gesto de darle pan, agua, higos y pasas no solo lo salva: abre el camino a la recuperación de sus familias. Mi poema recoge ese momento con una sensibilidad poética que lo eleva: el egipcio no es solo un testigo, es el umbral entre la pérdida y el rescate.

Principios que se revelan en mi obra

  • La ternura como estrategia: lo que parece un gesto menor —alimentar a un desconocido— se convierte en la clave táctica de una victoria mayor.

  • La dignidad del despojo: el egipcio, que había perdido todo, se convierte en guía. Mi poema lo muestra como alguien que, al recuperar su aliento, recupera también su propósito.

  • La reciprocidad divina: quienes dan sin esperar, reciben más de lo que imaginaron. David no solo recupera a los suyos, sino que aprende que la misericordia es fuerza.

  • La revelación en el desierto: el lugar del abandono se convierte en escenario de redención. Este poema lo plasma con imágenes de sol, arena, sombra y renacimiento.

El mensaje que queda

Mi obra no es solo una narración poética: es una enseñanza espiritual. Nos recuerda que los enfermos, los olvidados, los que parecen sin valor, pueden ser la clave de lo que otros buscan desesperadamente. Y que la victoria verdadera comienza cuando alguien decide cuidar, no conquistar.

Me he permitido la licencia de crear con este poema una canción que nos gustará oir de vez en cuando


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