"LOS ERRORES DE LOS POETAS"

 "Los errores de los poetas"



Gabriel Garcia Márquez un día escribió velleza,

en su sublime cabeza con uve lo expresa,

el no dejo de ser el poeta de mas ciencia,

en poesía las letras saltan con frecuencia.


Juan Ramón Jiménez que la 'hache" solia olvidar

fue su gran obra "Platero y yo"... no somos burros,

le gustaba el asno por su sonado rebuzno,

Hemingway escribía 'grammer' en vez de grammar,


Faulkner tropezaba con las "comas" y los tiempos,

al fluir de su conciencia nos llenó con su etica,

Neruda exageraba, y se perdía en retórica,

"desesperada" canción que aún nos quema el pecho.


Whitman rompió la métrica, olvidó disciplina,

nos regaló un canto libre, evangelio de hierba.

Shakespeare dejó erratas en sus sonetos,

pero cada error se volvió música bonita


Erran poetas, van dejando huellas humanas,

cada fallo parece un verdadero milagro

Cervantes cambió el nombre de la esposa de Sancho

entonces te digo, no hay error que haga una obra vana


El asno de Sancho aparece y desaparece,

que todos sus errores llenan su obra de encanto,

Miguel hernandez puso melancolia en su canto

Machado anda entre fe e incredulidad su obra crece


Todos los errores de escritores y poetas

dicen que las estrellas se mueven en el cielo

subir o caer siempre lo hacemos por el miedo

paraliza a los creadores nunca a poetas


Errores se borran cuando el arte resplandece,

palabra imperfecta se convierte en pura llama,

y la verdad del poeta siempre vence al drama

no hay ternura humana si algun error no aparece


Pero nunca abraces el miedo a no ser perfecto

es un antiguo mito el escribir sin errores

un creador lo que transmite son emociones

alegrias y penas, que sana nuestros afectos

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

Este poema “Los errores de los poetas” se inscribe en una tradición muy particular: la del verso alejandrino, compuesto por 14 sílabas métricas que suelen dividirse en dos hemistiquios de 7 sílabas cada uno, separados por una cesura. Esta forma, heredada del mester de clerecía medieval y recuperada por el modernismo, confiere a la composición un tono solemne, narrativo y casi épico. El ritmo largo y pausado de cada línea permite desplegar imágenes amplias y reflexiones hondas, como esta que les planteo sobre la imperfección y la grandeza de los poetas. En mi poema, el alejandrino funciona como marco de resonancia: cada verso se convierte en un espacio donde se nombran errores concretos —una “v” en lugar de “b”, una “hache” olvidada, un “grammer” mal escrito, una coma mal puesta, una retórica excesiva— y, sin embargo, el tono solemne del metro hace que esos fallos no se perciban como defectos, sino como parte de una historia mayor. El ritmo largo y cadencioso transforma la anécdota en símbolo, y el error se vuelve casi entrañable. Narrativamente, el poema avanza como un catálogo de imperfecciones: García Márquez, Juan Ramón Jiménez, Hemingway, Faulkner, Neruda, Whitman, Shakespeare, Cervantes, Miguel Hernández y Machado aparecen uno tras otro, cada cual con su “torpeza” o descuido. Pero lejos de ridiculizarlos, mi poema los abraza. La repetición de ejemplos crea un efecto coral: todos los grandes han errado, todos han tropezado, y aun así todos han dejado obras inmortales. La clave está en el giro final: los errores no afean las obras, sino que las hacen más humanas, más cercanas, más entrañables. En mi cierre, el poema relativiza las faltas y subraya que lo que permanece es la verdad del arte, la llama que resplandece más allá de la técnica. Así, el mensaje se convierte en una defensa de la imperfección como parte esencial de la creación: el error no es un obstáculo, sino una huella de humanidad que engrandece la obra. En conjunto, este poema logra unir forma y contenido: el verso alejandrino, solemne y narrativo, da peso a la enumeración de errores, mientras que el discurso fluido y casi didáctico convierte esas faltas en símbolos de autenticidad. El resultado es un canto a la fragilidad del genio, una celebración de que la verdadera belleza de la poesía no está en la perfección técnica, sino en la capacidad de conmover, de dejar huella, de ser humano.En definitiva, mi poema muestra que los errores de los poetas son como estrellas que titilan en el cielo: pequeñas imperfecciones que, lejos de oscurecer, hacen más luminoso el firmamento de la creación.

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