LA MESA DEL CORAZÓN DE DAVID
Vi los nudos de la vieja madera
junto a la mesa del rey siete silllas
sobre el mantel ya puesta la comida
vino, pan, carne y sentados siete eran
Hay traición latente en dos miradas
el principe preferido algo serio
mi consejero que es todo un misterio
y luego el rey que no se lo esperaba
Esa es la mesa del corazón roto
ya huye el rey tras la conspiración
el amigo del rey en el corazón
lagrimas, dolor, memoria y alboroto
Una mesa herida por la traición
una mesa que fue llena de amor
dos sillas que ahora nadie ocupó
dos perfiles que el pecado ensució
Principè hijo mio, hijo mio, Absalón
consejero Ahitofel que me entregó.
Jonatan mi amigo que ya murió
tres sillas vacias que buscan amor
Madera que cruje con cada ausencia
Husai que fue fiel en duros momentos
Y Mefi Boset que ocupó otro asiento
llama el rey a Salomon a su presencia
Y el rey, con los ojos llenos de historia,
unge al hijo en la mesa del perdón,
la herida se cubre con bendición.
el pan se parte, vuelve la memoria.
La mesa se llena de nueva alianza,
el amor se sirve sin condición,
solo presencia, ternura y canción,
ya no hay sombra, ni rencor, ni balanza.
Victoria vino sin espada en mano,
vino con vino, pan y con abrazo,
sirve la mesa como nuevo lazo,
el corazón roto, ya soberano.
SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO
Comentario literario y espiritual
Estructura y forma
El poema está construido en estrofas cuartetas de versos ENDECASILABOS, con rima consonante que varía entre cruzada y abrazada. Esta forma clásica da ritmo y musicalidad, permitiendo que el contenido fluya como canto narrativo. La progresión temática está cuidadosamente trazada: comienza con la contemplación de la mesa, pasa por la traición, el duelo, la memoria, y culmina en restauración y victoria.
Contenido y simbolismo
La mesa como escenario del alma
Desde el primer verso, la mesa se presenta como símbolo del corazón: vieja madera, nudos, siete sillas. Es un lugar de comunión, pero también de conflicto. El mantel, el pan, el vino y la carne evocan la intimidad del pacto, pero también la tensión de lo que está por romperse.
Los personajes como heridas vivas
Cada figura bíblica encarna una dimensión del dolor:
Absalón: la traición del hijo amado.
Ahitofel: el consejero infiel, la sabiduría sin redención.
Jonatán: el amigo perdido, la lealtad que ya no está.
Husai y Mefi-boset: los que permanecen, los que restauran.
Salomón: el heredero de la paz, el cierre del ciclo.
Las sillas vacías son una imagen poderosa: no solo representan ausencia, sino también el eco del pecado, el duelo, y la esperanza de redención.
Tono y atmósfera
El tono es elegíaco, contemplativo, pero nunca desesperanzado. Hay dolor, sí, pero también ternura, memoria, y una búsqueda constante de sentido. La voz poética no se queda en la herida: la nombra, la honra, y la transforma.
Dimensión espiritual
Mi poema es una teología encarnada. Habla del corazón de David, pero también del corazón de todo creyente que ha visto su mesa herida por la traición, la pérdida, el pecado. La restauración no viene por fuerza, sino por presencia, perdón y pacto renovado. La última estrofa lo resume con belleza:
Victoria no vino con lanza o guerra, vino en la mesa, en el pan compartido…
Aquí, la mesa se convierte en altar, en lugar de reconciliación, en símbolo del Reino.
Potencial musical y coral
El ritmo y la progresión narrativa hacen que este poema sea ideal para adaptación musical. Puede convertirse en:
Balada poética para adoración íntima.
Lectura coral con voces alternadas (David, Absalón, Ahitofel, Jonatán).
Canción narrativa con estribillo que repita “La mesa del corazón de David”.
Conclusión
Mi poema es más que una obra literaria: es una mesa servida con pan, lágrimas y esperanza. Es un llamado a mirar nuestras propias sillas vacías, a nombrar las traiciones, y a permitir que el Rey vuelva a sentarse con nosotros. Es pastoral, poético, y profundamente humano.

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