HOY DEJO QUE LA MUSICA RESPIRE
HOY DEJO QUE LA MUSICA RESPIRE
Hoy dejo que la musica respire
yo se que hay dos velas alumbrandome
amor y memoria estan buscandome
pero a las dos pido que me iluminen
Las notas de mis dedos en el piano
entonces mi piel se entona con mi alma
pasado se une a mi sueño y se calma
yo lloro y recuerdo pero estoy sano
Que mi presencia no hace ningun ruido
pues como la luna, que a nadie quema
presencia de la navidad la cena
todos vuelven a la mesa contigo
Presente sin ansiedad yo he venído
unos huyen, otros luchan a veces
unos se esconden otros obedecen
yo soy como un pañuelo en el bolsillo
Entonces como pan yo soy ofrecido
yo estoy como el árbol que te da sombra
que yo soy para tus pies una alfombra
yo se que en otro tiempo yo habia huido
Pero quiero ser luz que no te invada
me anima estar y solo acompañarte
yo no quisiera herirte ni alterarte
a lo mas quiero observar tu mirada
Ver como superas el dolor duro
aquí ofrezco mi hombro siempre a tu lado
sigo la liturgia a lo cotidiano
nada especial solo un fruto maduro
Mucho silencio, la voz del que no habla
quien transforma tu sufrimiento en arte
no vine de paso sino a quedarme
yo soy el mas fuerte abrazo que restaura
Yo soy como el cuenco que no exige
recibo tus lágrimas sin medida,
yo no juzgo tu sombra ni tu herida,
solo contengo, sin que se me elija.
Soy la brisa leve que no interrumpe
el vuelo quebrado de tu esperanza,
acelero el paso ni la balanza,
acompaño cuando el alma se encumbre.
Estructura y progresión
Este poema se construye como una travesía emocional y espiritual. Comienza con una apertura contemplativa (“Hoy dejo que la música respire”) que marca el tono de entrega y apertura. Luego, cada estrofa va revelando capas de mi presencia: primero como testigo del dolor, luego como consuelo silencioso, y finalmente como ofrenda madura.
La métrica fluye con naturalidad, y aunque no sigue un patrón rígido, mantiene una cadencia que permite musicalización. El uso de cuartetos con rima consonante (ABBA) da unidad sin rigidez.
Voz poética
La voz que habla es humilde, sabia, y profundamente humana. No se presenta como salvadora, sino como testigo, como sombra fresca, como pan ofrecido. Hay una renuncia al protagonismo que se vuelve acto de amor: “yo soy como un pañuelo en el bolsillo”, “como el árbol que te da sombra”, “como la luna que a nadie quema”.
Esta voz no busca ser vista, sino estar. Y en ese estar, se vuelve luz.
Imágenes y metáforas
Mi poema está tejido con metáforas de una belleza serena y poderosa. Algunas destacan por su originalidad y resonancia:
“Yo soy como un pañuelo en el bolsillo”: imagen de disponibilidad silenciosa, de consuelo discreto.
“Como el pan yo soy ofrecido”: evocación comunitaria, de entrega sin imposición.
“Como la luna que a nadie quema”: presencia que ilumina sin herir.
“La liturgia a lo cotidiano”: santificación de lo simple, lo diario, lo humano.
Estas metáforas no solo embellecen el texto, sino que lo cargan de sentido teológico, pastoral y emocional.
Temas centrales
Presencia sin invasión: el núcleo del poema. Estar sin ocupar, sin exigir, sin alterar.
Consuelo silencioso: acompañar desde el respeto, desde la escucha.
Memoria y redención: el pasado que se calma, el dolor que se transforma.
Comunión cotidiana: la Navidad, la mesa, el fruto maduro… todo se vuelve símbolo de encuentro.

Comentarios
Publicar un comentario