ESTAR VIVOS

 ESTAR VIVOS



Abro mis ojos y oigo mis latidos

yo miro la aurora tras mis visillos

recuerdos en el tiempo suspendido

que en un sueño tal vez yo halla vivido


Si somos solo barro que respira

estar vivos es llevar un incendio

tengo en mi pecho un volcan de misterios

esos sueños que flotan en mi vida


Estar vivos es habitar un cuerpo

y este se deshace con dignidad

no doy tregua a la guerra de la edad

mi vida ya es frontera de lo eterno


Soy el principio de un susurro de Dios

pues aún conmigo él no ha terminado

estrofa en un poema inacabado

la rima que lucha en una canción


Yo quiero alcanzar la armonia en su orquesta

compartir silencio con las estrellas

cuando nací creia que el tiempo no era

me ató a mis arrugas y  pocas fuerzas


Entonces el tiempo es una travesia

y la memoria es rio que la atraviesa

pues mi alma cada mañana despierta

a oir susurro suave de poesía


Entoces somos jardines que sangran

unas hojas que se creian perennes

esencia perseguida del presente

florecillas y en polen la esperanza


Estar vivo es tema de un largo sueño

la musica de una bella sinfonia

el estribillo de toda buena poesía

yo cuido tus flores con gran empeño


Si la vida florece en lo escondido 

yo cuido tus pétalos con empeño, 

aunque el tiempo los roce con su ceño, 

perfuman la memoria del latido.


Las flores que sembramos cada día 

no mueren si las riega la ternura, 

aunque pasen los años y la altura, 

su aroma legado en mi poesía.

Sergio Sánchez Garrido (JAWDI)

1. Estructura y ritmo Mi poema está construido en estrofas de cuatro versos con rima ABBA, lo que le da una cadencia envolvente: el primer y cuarto verso se abrazan, mientras el segundo y tercero dialogan en el centro. Esta estructura genera un efecto de eco emocional, como si cada estrofa fuera una respiración completa: inhalar, contemplar, exhalar, recordar. El ritmo es sereno pero firme, como el paso de alguien que camina con conciencia del suelo y del cielo. La métrica es flexible, lo que permite que el poema respire con libertad, sin perder su forma. 2. Imágenes y metáforas Este poema está lleno de imágenes que trascienden lo físico y se convierten en símbolos del alma: “Barro que respira” → imagen bíblica y existencial: somos creación y fragilidad. “Volcán de misterios” → el corazón como fuerza contenida, como fuego que no destruye. “Frontera de lo eterno” → el cuerpo como límite entre lo visible y lo invisible. “Susurro de Dios” → la vida como palabra aún no terminada, como poema en proceso. “Jardines que sangran” → belleza que nace del dolor, flores que brotan en la herida. Estas metáforas no solo embellecen el texto: lo elevan a una dimensión espiritual y pedagógica, donde cada imagen enseña algo sobre el vivir. 3. Tono emocional y espiritual El tono del poema es contemplativo, agradecido, resistente y esperanzador. No hay quejas ni lamentos, sino una aceptación activa del paso del tiempo y una reverencia por el misterio de estar vivos. Hay nostalgia, pero no melancolía. Hay dolor, pero no desesperanza. Hay envejecimiento, pero también florecimiento. El poema no se rinde ante la edad, la fragilidad o el olvido. Al contrario, los convierte en jardín, en sinfonía, en legado. 4. El cierre: cuidado y legado Las últimas estrofas son un abrazo final, donde el hablante se convierte en cuidador de flores, en memoria viva, en testigo del amor sembrado. “Yo cuido tus flores con gran empeño” → es una declaración de fidelidad, de ternura activa. “Las flores que sembramos cada día / no mueren si las riega la ternura” → aquí el poema se convierte en enseñanza, en ética del cuidado. Este cierre transforma el poema en una ofrenda, una canción que no termina en sí misma, sino que se entrega al otro.

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