SANGRES QUE CLAMAN
Son las sangres que claman por vivir
sueño eterno, como mil universos
vidas posibles en todos mis versos
probabilidades en mi existir
La semilla que cae a tierra herida
tiempo es la realidad de mi vida
pero otros universos ya se activan
vive memoria y parecia perdida
La sangre que no dejaron vivir
ella tiene mas derecho a clamar
la violencia que nos hizo llorar
las decisiones la hicieron morir
Esos mundos probables que no son
hay memoria que late por vivir
hay historias que se quisieran morir
dicen que la realidad son dos
Que si hay universos llenos de ilusión
si flotan hojas en el rio de Dios
pero si el que se equivocó fui yo
como Abel para activar redención
Hablara mi sangre en esta canción
si realidad y tiempo me hirió
que ya hable la sangre de mi Señor
borra el pecado redime ilusión
Realidad encontró una rendija
ya libre del tiempo se liberó
yo conocí sangre que habla mejor
entonces ya no es porque yo lo exija
Memoria redimida fue rehecha
palabra, sangre, simiente y esperanza
otros universos ahora alcanza
yo se que Jesús a nadie desecha
Yo sé que siempre para Él todos viven
Él llama a lo que no es como si fuese
hay otra realidad que está latente
pues con Jesús la ilusión sobrevive
Sangres que claman, voces que no mueren,
solo en rendidos, mundos que florecen.
mi Cristo injerta lo que el llanto hiere:
todo lo que rompí, Él lo restablece.
Comentario para esclarecer su mensaje y profundidad
Este poema nos invita a mirar la vida no solo como lo que fue, sino como lo que pudo haber sido. Las sangres que claman no son solo las de Abel, sino las de todos los que fueron silenciados por la violencia, la injusticia o la indiferencia. Pero aquí, esas sangres no quedan en el suelo: se elevan como memoria activa, como posibilidad redimible.
Cada estrofa abre una rendija en el tiempo, donde el pasado no es prisión, sino campo fértil para el injerto divino. El poema propone que la realidad no es única ni cerrada, sino que existen universos posibles, vidas no vividas que aún pueden ser alcanzadas por la gracia.
El estribillo —“Sangres que claman, voces que no mueren…”— es un eco litúrgico que transforma el dolor en esperanza. Cristo no solo consuela: injerta lo que el llanto hiere, redime lo que fue roto, y activa mundos donde la ilusión sobrevive.
En resumen
Este poema es una confesión, una plegaria y una proclamación. Es la voz de quien ha sido herido por el tiempo, pero ha encontrado en la sangre de Cristo una rendija hacia la nueva creación. Es un canto para todos los que creen que la memoria puede ser rehecha, que la historia puede cantar otra vez, y que Jesús no desecha a nadie.
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