SANGRES QUE CLAMAN

 SANGRES QUE CLAMAN



Son las sangres que claman por vivir

sueño eterno, como mil universos

vidas posibles en todos mis versos

probabilidades en mi existir


La semilla que cae a tierra herida

tiempo es la realidad de mi vida

pero otros universos ya se activan

vive memoria y parecia perdida


La sangre que no dejaron vivir

ella tiene mas derecho a clamar

la violencia que nos hizo llorar

las decisiones la hicieron morir


Esos mundos probables que no son

hay memoria que late por vivir

hay historias que se quisieran morir

dicen que la realidad son dos


Que si hay universos llenos de ilusión

si flotan hojas en el rio de Dios

pero si el que se equivocó fui yo

como Abel para activar redención


Hablara mi sangre en esta canción

si realidad y tiempo me hirió

que ya hable la sangre de mi Señor

borra el pecado redime ilusión


Realidad encontró una rendija

ya libre del tiempo se liberó

yo conocí sangre que habla mejor

entonces ya no es porque yo lo exija


Memoria redimida fue rehecha

palabra, sangre, simiente y esperanza

otros universos ahora alcanza

yo se que Jesús a nadie desecha


Yo sé que siempre para Él todos viven

Él llama a lo que no es como si fuese

hay otra realidad que está latente

pues con Jesús la ilusión sobrevive


Sangres que claman, voces que no mueren, 

solo en rendidos, mundos que florecen. 

mi Cristo injerta lo que el llanto hiere: 

todo lo que rompí, Él lo restablece.

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

Comentario para esclarecer su mensaje y profundidad

Este poema nos invita a mirar la vida no solo como lo que fue, sino como lo que pudo haber sido. Las sangres que claman no son solo las de Abel, sino las de todos los que fueron silenciados por la violencia, la injusticia o la indiferencia. Pero aquí, esas sangres no quedan en el suelo: se elevan como memoria activa, como posibilidad redimible.

Cada estrofa abre una rendija en el tiempo, donde el pasado no es prisión, sino campo fértil para el injerto divino. El poema propone que la realidad no es única ni cerrada, sino que existen universos posibles, vidas no vividas que aún pueden ser alcanzadas por la gracia.

El estribillo —“Sangres que claman, voces que no mueren…”— es un eco litúrgico que transforma el dolor en esperanza. Cristo no solo consuela: injerta lo que el llanto hiere, redime lo que fue roto, y activa mundos donde la ilusión sobrevive.

En resumen

Este poema es una confesión, una plegaria y una proclamación. Es la voz de quien ha sido herido por el tiempo, pero ha encontrado en la sangre de Cristo una rendija hacia la nueva creación. Es un canto para todos los que creen que la memoria puede ser rehecha, que la historia puede cantar otra vez, y que Jesús no desecha a nadie.

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