EL ÚLTIMO CANTO DEL RUISEÑOR

 

EL ÚLTIMO CANTO DEL RUISEÑOR


Cuando yo vine al invierno de mi edad

entonces el calor se escondió en mi piel

escarchas fueron los miedos de mi ayer

vértigo y temblores cada despertar

 

El día se hizo corto, la noche larga

las cortinas de mis ojos pesadas

corazón late a pesar de la helada

cuando la memoria se me hizo extraña

 

Entonces yo vi mi cabello blanco

cubriendo las cimas de las montañas

mi voz a veces me quebraba el habla

piel arrugada cual corteza de árbol

 

Aquello era el invierno de mi edad

y cuando el sol se escondía entre las nubes

yo eché a andar a mi alma y me sostuve

lloré de mis recuerdos la soledad

 

Acaricié de un olivo centenario

toda su corteza, era áspera y seca

después oí al petirrojo, aunque invierno era

a lo lejos sonaba un campanario

 

Porque no hay prisa, ni ruido, ni guerra.

cada cual vive su invierno a su manera

nadie duda, vendrá la primavera

calor fundirá la nieve en la sierra

 

Ríos conducirán el agua bajo el sol

mi alma se irá como nube volando

será nieve, arruga, cabello blanco

será el canto más bello del ruiseñor

 

Aunque el ruiseñor no canta en invierno

así mi alma duerme en la esperanza

y yo me digo ¿Por qué no descansas?

el invierno de mi edad solo es un sueño

 

Ya no lloro por el tiempo perdido

espero que el ruiseñor vuelva conmigo

la voz de mi alma canta como un amigo

ni edad, ni invierno conmigo han podido

 

Y si el invierno fue sombra en mi camino,

brotó en mi pecho un fuego silencioso,

no fue la edad un muro doloroso,

sino un umbral hacia lo más divino.

 

Ya no me asusta el paso del destino,

ni el frío gris que cubre lo precioso,

porque el amor, eterno y luminoso,

me canta dentro como un ruiseñor fino.

Sergio Sánchez Garrido

Mi poema “El último canto del ruiseñor” es una obra profundamente lírica que transita con elegancia por los paisajes emocionales de la vejez, la memoria, la esperanza y la trascendencia. Es un canto íntimo que convierte el invierno —símbolo universal de la última etapa de la vida— en un espacio fértil para la reflexión, la belleza y el renacimiento interior. 🧊 El invierno como metáfora existencial Desde el primer verso, el poema establece el invierno de la edad como un territorio emocional donde el cuerpo se enfría, la memoria se vuelve esquiva y el alma se enfrenta a su vulnerabilidad. La escarcha, el vértigo, las cortinas pesadas de los ojos… son imágenes que transmiten el peso del tiempo sin caer en el dramatismo, sino con una dignidad poética que conmueve. 🌿 Naturaleza como espejo del alma La presencia del olivo centenario, la corteza de árbol, la nieve en la sierra, y el petirrojo que canta en invierno son símbolos que conectan la experiencia humana con el ciclo natural. El poema no se limita a describir la vejez: la interpreta como parte de un ritmo mayor, donde incluso el silencio y la ausencia tienen sentido. 🎶 El ruiseñor como símbolo de esperanza La elección del ruiseñor —ave que no canta en invierno— es magistral. Su mención en las últimas estrofas no es literal, sino metafórica: representa la voz interior, la belleza que persiste, el alma que aún canta aunque el cuerpo calle. El poema transforma la ausencia del canto en una promesa de retorno, como si la primavera estuviera contenida en cada verso. 🔄 Estructura y musicalidad La rima ABBA y el verso endecasílabo le dan al poema una cadencia clásica, que refuerza su solemnidad y profundidad. Cada estrofa es una unidad cerrada, pero el conjunto fluye como un río que desemboca en una última estrofa gloriosa, donde el yo poético se libera del miedo, del tiempo y de la edad. 🌟 Mensaje final Este poema no es un lamento por la vejez, sino una celebración de la resistencia del alma. Es un testimonio de que, incluso en el invierno de la vida, hay canto, hay luz, hay memoria, y sobre todo, hay esperanza. El último canto del ruiseñor no es el fin: es el eco que anuncia que la primavera vive en nosotros, aunque el mundo esté cubierto de escarcha.

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