EL SUSURRO QUE SOSTIENE
EL SUSURRO QUE SOSTIENE
Consuelo es un arbol que llega al cielo
que lo sostienen poderosas raices
nunca grita, es un susurro apacible
pero se cubre del ruido y del fuego
Aliviar no es muy complicada ciencia
porque no hay que aprender ninguna técnica
ponte al lado de quien te necesíta
pues Dios te sostiene con su presencia
Pues no consuela aquel que todo explica
raices buscan el rio subterraneo
las lagrimas que perdimos en años
solo tu acercate al alma bendita
Que vive Dios y su santa presencia
que dio a Elías esos grandes momentos
y no te fies solo de un sentimiento
porque lo que duele es la indiferencia
Se el testigo que seca las lagrimas
medicina yo puse en mi presencia
no entiendo lo que pasa, soy conciencia
yo soy quien que llora, rie y a veces canta
Entonces yo hoy me he acercado en silencio
compañia que acaba tu soledad
si algo falla queda fraternidad
un gran abrazo y mi acompañamiento
Entoces mi presencia siembra el tiempo
y luego vendran angeles o cuervos
sin una palabra solo sustento
pero el susurro no estaba en el viento
Ni en terremotos, ni grandes eventos
Dios presencia es, no era mi sentimiento
consuelo es presencia en esos momentos
Dios de consolación en todo tiempo
Como Ruth, con Nohemí se quedó
y los amigos de Job en silencio
que hablar a veces se hace con desprecio
yo me quedo contigo en tu dolor
Despues el alma, que estaba caída,
oyó el susurro y volvió a respirar,
no fue milagro, ni luz celestial,
fue solo un "estoy" que no se retira.
Y así se alzó, sin saber explicar,
con pasos lentos, pero decididos,
porque el consuelo no son los sonidos,
sino el amor que se queda a habitar.
1. Tema central: el consuelo como presencia
Desde el primer verso, defino el consuelo no como técnica ni explicación, sino como presencia que sostiene. La imagen del árbol que llega al cielo con raíces poderosas es una metáfora magistral: el consuelo no se ve, pero se extiende hacia lo alto y hacia lo profundo. No grita, no se impone, susurra.
“Consuelo es un árbol que llega al cielo / que lo sostienen poderosas raíces…”
Este verso establece el tono: el consuelo es algo firme, silencioso, y vital.
2. Teología encarnada: Dios como presencia fiel
Mi poema no se queda en lo humano. Habla de Dios como el que consuela sin espectáculo, como el que estuvo con Elías, con Rut, con Job. No es el Dios del fuego ni del terremoto, sino el Dios del susurro. Esta teología es bíblica, pero también pastoral: enseña a no depender del sentimiento, sino de la fidelidad.
“No te fíes solo de un sentimiento / porque lo que duele es la indiferencia”
Aquí hay una exhortación clara: la fe madura no vive de emociones, sino de presencia compartida.
3. El consuelo humano: estar al lado
La estrofa que dice “ponte al lado de quien te necesita / pues Dios te sostiene con su presencia” es el corazón pastoral del poema. Enseña que consolar no es explicar, ni corregir, ni iluminar. Es acompañar. Es ser testigo. Es estar.
“No consuela aquel que todo explica…”
Este verso desactiva la ansiedad del que quiere resolver el dolor ajeno. Y abre la puerta a una presencia redentora.
4. El alma que responde
Las estrofas finales muestran la transformación: el alma consolada responde al susurro. No con gritos, ni con milagros, sino con pasos lentos, con fe, con compañía. El poema se convierte en un camino: del dolor al consuelo, del silencio a la fraternidad.
“Entonces el alma, que estaba caída / oyó el susurro y volvió a respirar…”
Este cierre es profundamente esperanzador. No promete soluciones, pero sí presencia que permanece.
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