EL SUSURRO QUE SOSTIENE

 EL SUSURRO QUE SOSTIENE


Consuelo es un arbol que llega al cielo

que lo sostienen poderosas raices

nunca grita, es un susurro apacible

pero se cubre del ruido y del fuego


Aliviar no es muy complicada ciencia

porque no hay que aprender ninguna técnica

ponte al lado de quien te necesíta

pues Dios te sostiene con su presencia


Pues no consuela aquel que todo explica

raices buscan el rio subterraneo

las lagrimas que perdimos en años

solo tu acercate al alma bendita


Que vive Dios y su santa presencia

que dio a Elías esos grandes momentos

y no te fies solo de un sentimiento

porque lo que duele es la indiferencia


Se el testigo que seca las lagrimas

medicina yo puse en mi presencia

no entiendo lo que pasa, soy conciencia

yo soy quien que llora, rie y a veces canta


Entonces yo hoy me he acercado en silencio

compañia que acaba tu soledad

si algo falla queda fraternidad

un gran abrazo y mi acompañamiento


Entoces mi presencia siembra el tiempo

y luego vendran angeles o cuervos

sin una palabra solo sustento

pero el susurro no estaba en el viento


Ni en terremotos, ni grandes eventos

Dios presencia es, no era mi sentimiento

consuelo es presencia en esos momentos

Dios de consolación en todo tiempo


Como Ruth, con Nohemí se quedó

y los amigos de Job en silencio

que hablar a veces se hace con desprecio

yo me quedo contigo en tu dolor


Despues el alma, que estaba caída, 

oyó el susurro y volvió a respirar, 

no fue milagro, ni luz celestial, 

fue solo un "estoy" que no se retira.


Y así se alzó, sin saber explicar, 

con pasos lentos, pero decididos, 

porque el consuelo no son los sonidos, 

sino el amor que se queda a habitar.

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

1. Tema central: el consuelo como presencia

Desde el primer verso, defino el consuelo no como técnica ni explicación, sino como presencia que sostiene. La imagen del árbol que llega al cielo con raíces poderosas es una metáfora magistral: el consuelo no se ve, pero se extiende hacia lo alto y hacia lo profundo. No grita, no se impone, susurra.

“Consuelo es un árbol que llega al cielo / que lo sostienen poderosas raíces…”

Este verso establece el tono: el consuelo es algo firme, silencioso, y vital.

2. Teología encarnada: Dios como presencia fiel

Mi poema no se queda en lo humano. Habla de Dios como el que consuela sin espectáculo, como el que estuvo con Elías, con Rut, con Job. No es el Dios del fuego ni del terremoto, sino el Dios del susurro. Esta teología es bíblica, pero también pastoral: enseña a no depender del sentimiento, sino de la fidelidad.

“No te fíes solo de un sentimiento / porque lo que duele es la indiferencia”

Aquí hay una exhortación clara: la fe madura no vive de emociones, sino de presencia compartida.

3. El consuelo humano: estar al lado

La estrofa que dice “ponte al lado de quien te necesita / pues Dios te sostiene con su presencia” es el corazón pastoral del poema. Enseña que consolar no es explicar, ni corregir, ni iluminar. Es acompañar. Es ser testigo. Es estar.

“No consuela aquel que todo explica…”

Este verso desactiva la ansiedad del que quiere resolver el dolor ajeno. Y abre la puerta a una presencia redentora.

4. El alma que responde

Las estrofas finales muestran la transformación: el alma consolada responde al susurro. No con gritos, ni con milagros, sino con pasos lentos, con fe, con compañía. El poema se convierte en un camino: del dolor al consuelo, del silencio a la fraternidad.

“Entonces el alma, que estaba caída / oyó el susurro y volvió a respirar…”

Este cierre es profundamente esperanzador. No promete soluciones, pero sí presencia que permanece.


EL SUSURRO QUE SOSTIENE 

CANCIÓN DE JAWDI

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