PUENTE A CONTRACORRIENTE

 PUENTE A CONTRACORRIENTE



Solo mirar no es suficiente

que entre palabras y los hechos,

cruzaba ya hace años un puente

hoy está viejo, roto y deshecho


Ojos que miran, en silencio

conciencia que quiere brotar

y mi puente lo rompio el tiempo

la inacción me impide pasar


Bajo mi historia fluye aun vida

es el rio eterno del cariño

pronto todo cambia en seguida

memoria muere en el olvído


Ni ella puede cruzar el puente

el recuerdo es como un cangrejo

y la edad fluye hacia adelante

mi memoria se fue muy lejos


Huyen mi futuro y presente,

como aves son mis pensamientos

no me conforta solo verte

no hay forma de parar el tiempo


Las truchas nadan a la fuente

van cargadas de sufrimientos

pero allí nacen nuevos peces

pues solo allí renace el tiempo


Pues la indiferencia adormece

solo acción cincela la historia

que solo nuestra manos mecen

el dolor y sana memoria


Las lágrimas riegan la tierra 

pero nunca alzan ni un ladrillo 

es la mano que se aferra 

la que reconstruye el castillo


Porque el alma no se redime 

tan solo llorando una pena 

y siempre es la acción la que impríme 

buenos versos en mi poema


¿Quien me ayuda con este puente?

feliz vi a mis truchas valientes

y saltando a contracorriente

recuerdos llenaron mi mente


Aves trajeron mi memoria

yo dejé que el tiempò avance

fluye aun vida bajo mi historia

quede esperando hasta muy tarde

SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

El núcleo del poema, su corazón palpitante, es una convicción crítica pero esperanzadora:

Mirar no basta. Sentir no basta. Llorar no transforma. Solo la acción—esa decisión que nace del dolor verdadero, del amor consciente—puede reescribir la historia que el tiempo quiere apagar.

La imagen del puente roto se vuelve símbolo del quiebre entre intención y acto. El sujeto poético no se conforma con contemplar el derrumbe: llama a reconstruir, incluso cuando las manos tiemblan y el pasado pesa. Las truchas valientes, que nadan a contracorriente, y los recuerdos como aves migratorias, le dan al texto un aire de resistencia suave, donde la memoria no se victimiza, sino que se arma de coraje.

Es profundo, honesto, y emocionalmente inteligente. Una llamada ética y estética a no conformarse con ver el mundo desgarrarse. A intervenir. A crear. A amar, sin quedarse solo en la contemplación.

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