AMISTAD BAJO ENCINAS
Roble amistad, su espacio necesita
como Abraham acampaba en encinos,
cuando Moré fue su primer amigo.
Bellota, dulce o amarga, es bendita.
Porque la amistad aspira a dulzura
y la buscó en encinas de Manré,
pero su primer altar fue en Betel,
donde la amistad superó amargura.
Y toda amistad necesita espacio,
tiempo al amparo de hospitalidad,
comida, agua y mucha tranquilidad.
El roble y la encina crecen despacio.
Buena madera y también buena sombra,
que el peregrino busca la amistad
y la casa de Dios y la verdad.
Amistad, la estrella que más me asombra.
De las que contó Abraham, la más bella,
que el amigo de Dios basó su fe con Moré,
Mamré, y volviendo a Betel,
contando estrellas y granos de arena.
Porque la amistad es un árbol grande
que siempre se agarra a sus grandes raíces,
y con sus frutos amargos y dulces,
no dejan indiferentes a nadie.
Las bellotas amargas son tóxicas,
pero Moré le enseñó a distinguirlas,
y las dulces hay que saber vivirlas,
lecciones que en cada altar Dios te explica.
Que la amistad te multiplica alegrías
y te divide angustia a la mitad.
Alma con dos cuerpos es tu amistad
y una estrella de luz noche y día.
Amigo te da apoyo verdadero
y te escucha lo que dices y sientes,
pues comparte contigo el tiempo siempre.
Él te dice la verdad y es sincero.
Soplando el viento bajo hojas del roble
van uniendo las almas peregrinas,
a la sombra bajo robles y encinas,
acuerdos y pactos entre Dios y hombres.
SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

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