“Alas Perdidas”

 



“Alas Perdidas”

Y como a la avispa le hemos temido,

ya que ninguno entendió su propósito,

como en la breva dejó su depósito,

ni aún que su sacrificio ha servido.

 

Porque ya no hay ninguna competencia,

pero esto es simbiosis y mutualismo,

abeja amada, avispa, no es lo mismo,

su propósito es la supervivencia.

 

¿Y qué te aprovecha su sacrificio?

Personas como avispas fundadoras,

y para mí fueron emprendedoras,

que me dejaron mucho beneficio.

 

Supieron ver mis flores invertidas,

saben que el higo no es ninguna fruta,

y perdieron sus alas en la gruta,

todo solo para darme semillas.

 

Como personas que no hicieron nada,

y misioneros que hasta mí volaron,

aunque algunas avispas me picaron,

otras sí que merecen ser honradas.

 

Sacrificadas, desaparecidas,

algunas de ellas aún no llegaron,

mis flores invertidas olvidaron,

y como avispas fueron a mi vida.

 

Son personas que deben ser amadas,

que vienen con propósitos de vida,

que llegan a mis flores invertidas,

almas que aun perdiendo sus propias alas.

 

Ellos me hicieron trascender al cielo,

para ser un fruto mucho más dulce,

ser como higuera que produce,

pero a estas avispas ya perdí el miedo.

 SERGIO SÁNCHEZ GARRIDO

Comentario:

“Alas Perdidas” es un poema que nos sumerge en la simbiosis entre las avispas y los higos, revelando la belleza oculta en su interacción. A través de versos cuidadosamente tejidos, el autor nos invita a reflexionar sobre el sacrificio, la colaboración y la apreciación de las pequeñas maravillas de la naturaleza.

La primera estrofa nos presenta la incomprendida figura de la avispa, cuyo propósito se pierde en el temor humano. La breva, con su depósito de semillas, se convierte en un símbolo de la vida compartida y la interdependencia.

En la segunda estrofa, se nos recuerda que la competencia no siempre es la clave. La avispa y la abeja, aunque diferentes, cumplen roles vitales en la supervivencia del higo. El sacrificio de las avispas fundadoras se equipara al espíritu emprendedor humano.

La tercera estrofa nos lleva al corazón de la simbiosis. Las flores invertidas, ocultas en el higo, son testigos silenciosos de la labor de las avispas. Sus alas perdidas en la gruta revelan la dedicación a la vida y la perpetuación de la especie.

La cuarta estrofa. Las personas también se entrelazan en este poema. Algunas, como avispas, pasan desapercibidas, pero su contribución es esencial. Otras merecen honra por su valentía y sacrificio.

Quinta estrofa. Fijate en las personas que pudieron realmente entrar en la cascara protectora de tu propia vida, allí se dejaron sus alas.

La sexta estrofa. Sacrificadas, desaparecidas, algunas de ellas aún no llegaron, mis flores invertidas olvidaron, y como avispas fueron a mi vida.

La séptima estrofa. En este verso, las avispas se convierten en un enigma. Algunas desaparecen sin dejar rastro, como si se hubieran fundido con la esencia misma de las flores invertidas. ¿Dónde están ahora? ¿Qué secretos guardan en su vuelo silencioso?

Quizás algunas de ellas aún están en camino, sus alas cansadas pero decididas. Quizás se toparon con otros destinos, otras higueras, y su labor continúa en un ciclo eterno. O tal vez, como almas errantes, siguen buscando su lugar en el mundo.

La octava estrofa. Trascendencia, estas avispas, aunque pequeñas y aparentemente insignificantes, dejaron una huella profunda en mi existencia. Su sacrificio, su entrega, me recuerda que la vida está tejida con hilos invisibles de propósito y conexión. A veces, son las almas más humildes las que nos elevan hacia el cielo.

No todas las personas consiguen penetrar en nuestras vidas y aportarnos trascendencia.

Finalmente, el autor celebra la trascendencia y la dulzura de ser como la higuera. El miedo a las avispas se disipa, y el fruto se vuelve más sabroso gracias a su presencia.


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