“Alas Perdidas”
“Alas Perdidas”
Y como a la avispa le
hemos temido,
ya que ninguno
entendió su propósito,
como en
la breva dejó su depósito,
ni aún
que su sacrificio ha servido.
Porque ya no hay ninguna
competencia,
pero esto
es simbiosis y mutualismo,
abeja
amada, avispa, no es lo mismo,
su
propósito es la supervivencia.
¿Y qué te aprovecha su
sacrificio?
Personas
como avispas fundadoras,
y para mí
fueron emprendedoras,
que me
dejaron mucho beneficio.
Supieron ver mis flores
invertidas,
saben que
el higo no es ninguna fruta,
y
perdieron sus alas en la gruta,
todo solo
para darme semillas.
Como personas que no
hicieron nada,
y
misioneros que hasta mí volaron,
aunque
algunas avispas me picaron,
otras sí
que merecen ser honradas.
Sacrificadas,
desaparecidas,
algunas
de ellas aún no llegaron,
mis
flores invertidas olvidaron,
y como
avispas fueron a mi vida.
Son personas que deben
ser amadas,
que
vienen con propósitos de vida,
que
llegan a mis flores invertidas,
almas que
aun perdiendo sus propias alas.
Ellos me hicieron
trascender al cielo,
para ser
un fruto mucho más dulce,
ser como
higuera que produce,
pero a
estas avispas ya perdí el miedo.
Comentario:
“Alas Perdidas” es un poema
que nos sumerge en la simbiosis entre las avispas y los higos, revelando la
belleza oculta en su interacción. A través de versos cuidadosamente tejidos, el
autor nos invita a reflexionar sobre el sacrificio, la colaboración y la
apreciación de las pequeñas maravillas de la naturaleza.
La primera estrofa nos
presenta la incomprendida figura de la avispa, cuyo propósito se pierde en el
temor humano. La breva, con su depósito de semillas, se convierte en un símbolo
de la vida compartida y la interdependencia.
En la segunda estrofa, se
nos recuerda que la competencia no siempre es la clave. La avispa y la abeja,
aunque diferentes, cumplen roles vitales en la supervivencia del higo. El
sacrificio de las avispas fundadoras se equipara al espíritu emprendedor humano.
La tercera estrofa nos lleva al corazón de la simbiosis. Las flores invertidas, ocultas en el higo, son testigos silenciosos de la labor de las avispas. Sus alas perdidas en la gruta revelan la dedicación a la vida y la perpetuación de la especie.
La cuarta estrofa. Las personas también se entrelazan
en este poema. Algunas, como avispas, pasan desapercibidas, pero su
contribución es esencial. Otras merecen honra por su valentía y sacrificio.
Quinta estrofa. Fijate en las personas que pudieron
realmente entrar en la cascara protectora de tu propia vida, allí se dejaron
sus alas.
La sexta estrofa. Sacrificadas, desaparecidas, algunas de ellas aún no
llegaron, mis flores invertidas olvidaron, y como avispas fueron a mi vida.
La séptima estrofa. En este verso, las avispas se
convierten en un enigma. Algunas desaparecen sin dejar rastro, como si se
hubieran fundido con la esencia misma de las flores invertidas. ¿Dónde están
ahora? ¿Qué secretos guardan en su vuelo silencioso?
Quizás algunas de ellas aún
están en camino, sus alas cansadas pero decididas. Quizás se toparon con otros
destinos, otras higueras, y su labor continúa en un ciclo eterno. O tal vez,
como almas errantes, siguen buscando su lugar en el mundo.
La octava estrofa.
Trascendencia, estas avispas, aunque pequeñas y aparentemente insignificantes,
dejaron una huella profunda en mi existencia. Su sacrificio, su entrega, me
recuerda que la vida está tejida con hilos invisibles de propósito y conexión.
A veces, son las almas más humildes las que nos elevan hacia el cielo.
No todas las
personas consiguen penetrar en nuestras vidas y aportarnos trascendencia.
Finalmente,
el autor celebra la trascendencia y la dulzura de ser como la higuera. El miedo
a las avispas se disipa, y el fruto se vuelve más sabroso gracias a su
presencia.
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